21.2.21

Convivir en el suburbio

 

(Fotografía: Metascopios. Revista de arte y cultura)

Ahora que esperamos el “fin” de la pandemia, se nos hace tarde volver a las calles y retomar con entusiasmo el espacio público, sin cintas en los parques ni cubrebocas, además del anhelo (dicen algunos) de “abrazarse” y recuperar un paraíso supuestamente perdido, donde alguna vez fuimos “normales”.  Se precisa recuperar dinámicas urbanas que favorezcan la convivencia en sociedad y vuelvan generosos esos espacios públicos.

Sin embargo, vivir la ciudad no es únicamente recorrerla en auto los sábados por la noche, de antro en antro y de beso en beso, sino habitar sus parques, acudir al teatro y a las exposiciones de arte, consumir en mercados y establecimientos locales, ser productivos en el centro de trabajo, utilizar los escenarios deportivos, restaurantes y loncherías; pero, sobre todo, enfrentar y sanear las relaciones humanas con quienes comparten una célula fundamental que puede dar nueva cohesión, identidad y seguridad (ahora más que nunca) a nuestra vida en comunidad: el barrio o la colonia.

Pero, si en la ciudad tiene su complejidad esa convivencia ¿puede esto activarse en los fraccionamientos de los suburbios, esos novísimos centros de concentración que se han desarrollado en la anarquía, con promesas de un buen porvenir que nunca llega y una indiferencia hacia y entre sus habitantes?

Si bien, los suburbios aún requieren años para consolidarse, es imprescindible proyectar en ellos espacios de convivencia, consumo y recreación que estimulen lazos entre sus habitantes. Se procura garantizar las obras de urbanización mínimas y la dotación de servicios básicos, pero los equipamientos y áreas recreativas suelen esperar. Las áreas de cesión para equipamientos urbanos permanecen como lotes baldíos durante años: es su polvoriento destino. Bien podrían ser tomadas por los comités vecinales y no dejarlas al amparo de la autoridad, para construir canchas deportivas y espacios dónde celebrar una verbena, un cine club o un tianguis interno. Es fundamental tamizar la interacción de la comunidad con proyectos y actividades que aniquilen ese horrendo concepto de “ciudad dormitorio” que nos dejó el siglo XX, porque los centros urbanos no deben tener una vocación tan limitada. Recuperar, sin añoranzas sentimentales, el modelo de convivencia que nos ofrecían en los barrios el campo de futbol o la tiendita de la esquina, hoy sustituida por el frío Seven Eleven.

Aquel concepto romántico de la suburbia estadounidense que se intentó adaptar para México, donde el futuro sería de plenitud y confort, sólo ha dado como resultado un lamentable regadío de fraccionamientos en las periferias de las ciudades, alentado por instituciones de vivienda y promotores, cuya oferta de bienestar responde a fines mercantiles y no al ordenamiento territorial. Habitar el fraccionamiento allá en el páramo se convirtió en un pesar, con viviendas deficientes, vicios ocultos en las obras de infraestructura y un grave costo para la movilidad urbana, pues lejos de resolver un problema de comunicación, alejó a los habitantes de equipamientos, servicios y centros de trabajo, convirtiendo al automóvil en su cordón umbilical y a las carreteras en territorios cada vez más lentos e inseguros.

Los fraccionamientos que en un momento fueron promisorios ahora enfrentan graves problemas de descomposición urbana y social, donde buscar la convivencia es regularmente faraónica. Por ejemplo, en los fraccionamientos de Tlajomulco, Jalisco, se calculan más 70 mil viviendas sin habitar, algunas abandonadas definitivamente por sus dueños y otras desmanteladas por los mismos vecinos. Estos huecos físicos generan también huecos de cohesión e identidad que se deben atender con urgencia.

Esta fractura seguirá expuesta mientras para las autoridades e instituciones de planeación, ordenamiento y regulación urbana los problemas de vivienda se resuelvan “adquiriendo” la vivienda y ya. Y mientras para sus habitantes lo fundamental sea tener a la mano un Aurrerá por encima de la escuela, la clínica, el centro deportivo o un foro de arte.