24.7.20

Relevo generacional de la literatura en Lagos


¿Por qué tengo el aire de la esfinge en casa?
me pongo a bailar, a comer, a ver cómo es Lagos
qué tiene su paisaje desde mi casa
cuánto abarca
allá, en mi
¿Hasta dónde me enmudece?
¿Hasta dónde me cansa?
Reyna de la Torre

Fuera de Guadalajara, Lagos de Moreno era la única ciudad que gozaba de vida literaria en Jalisco en el siglo XIX, mediante grupos de autores que han sido ya consignados por la historia una y otra vez. Esta tradición por las letras, aunque intermitente, se mantuvo durante todo el siglo XX y se ha estudiado con amplitud en diversas investigaciones, entre las que destaca el estudio realizado por la doctora Irma Esthela Guerra, titulado Escritores de una ciudad encantada. El grupo literario laguense de 1903, así como las obras de Alfonso de Alba y Sergio López Mena, entre otros.
Aunque algunas décadas fueron escasas en producción literaria, partir de la década de los noventa no ha cesado la actividad en las letras gracias a esfuerzos de escritores, instituciones y grupos independientes. Fue en 1990 cuando se formó el taller literario de la Casa de la Cultura y, posteriormente, el taller literario El Tlacuache, el colectivo Contracorriente en Provincia y, ya en la primera década de este siglo, el taller literario El páramo, además de los talleres impulsados desde el Centro Universitario de los Lagos y la Dirección de Cultura del Ayuntamiento.
Entre 1990 y 2010 existieron revistas, boletines y fanzines impresos que incorporaron parcialmente o en su totalidad trabajos literarios de autores locales: Paralelo 21, Tinta nueva, Cuadernos del Tlacuache, Luna lúgubre, Slam, La araña patona, Cronos, Petra, Ágora, Baluarte, Mientras pasa la tarde y Nuestras raíces, además de los espacios que ofrecieron los diversos periódicos locales. Como suele suceder con las publicaciones periódicas culturales, la mayoría no corrieron con la suerte de superar la docena de números; sin embargo, se convirtieron en materia de consulta para documentar la vida literaria en Lagos durante esos años, cuando los poetas y narradores jóvenes podían contarse con los dedos de las manos.
En este periodo se publicaron libros de diversos autores en los géneros de poesía y narrativa y se realizaban recitales, talleres literarios y cursos en los espacios independientes u oficiales dedicados a la cultura, como la Biblioteca “María Soiné de Helguera”, la Casa de la Cultura, la Escuela de Artes, el Centro Universitario de los Lagos (con la extinta Casa Serrano), además de algunos bares, galerías y espacios alternativos.
De la generación surgida en los años noventa, solamente algunos autores siguen vigentes en las letras, mientras que otros decidieron abandonar su rol literario una vez superado el ardor de la juventud, como suele suceder comúnmente en cualquier manifestación del arte. Por el momento, no es de mi interés mencionar a ninguno, sino enfocar este artículo a esos autores menores de treinta años que están construyendo la literatura actual en Lagos de Moreno, pues es un movimiento amplio y plural, digno de difundirse y sumarse a manifestaciones paralelas en otras ciudades y regiones. Estos nuevos poetas, dramaturgos y narradores, a diferencia de la generación previa, se encontraron en la era digital y han explotado nuevos soportes para difundir su obra, mediante páginas electrónicas, blogs, tubes, podcasts y redes sociales, así como espacios en Radio Universidad de Guadalajara, encuentros literarios, periódicos locales y fanzines impresos.
 De esta nueva generación, quien ha tenido mayor relevancia es Román Villalobos, poeta que ya se acerca a la tercera década de edad y tiene una permanente actividad en diferentes espacios impresos y digitales, pues no ha dejado de producir poesía desde la adolescencia. Entre sus libros destacan Pequeña ciudad eléctrica (2016) y Sutra del vagón (2019), libro producto de una beca del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA).
En la dramaturgia destaca Aarón Alba, quien inició como actor en grupos teatrales locales y en 2013 decidió aventurarse en el rol de autor de sus propios libretos. Su pieza Tu Frankinstein nunca fue mi quijote fue estrenada en la Semana de la Dramaturgia Nuevo León, en 2016. Actualmente radica en la Ciudad de México, donde comparte la dramaturgia con la actuación.
Por su parte, Venancio Villalobos es un joven director de cine y guionista, con formación en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, entre cuyas obras destacan los cortometrajes Ni en la más oscura de mis tardes, Ahí donde nos quedamos y Lo negro de la tierra, con una sensibilidad narrativa que le ha llevado a competir como guionista en el Festival Internacional de Cortometrajes en México.
De los géneros literarios, es la poesía quien cuenta con mayor cantidad de exponentes jóvenes, entre los que podemos mencionar el trabajo de Ada Martínez, Roy Ornelas, Juan Manuel Cedillo, Nancy Cedillo, Edgar Macías, Dalia Zamora, Lucy Cruz, Aarón Navarro, Luz Atilano, Julia Castro e Isabel Escobedo. En varios frentes literarios se ha conglomerado la participación de estos autores, destacando hace unos años el grupo formado en torno al periódico literario Los idus de marzo, del que emergieron poetas como Paul Martínez, Reyna de la Torre y el ya citado Román Villalobos.
Es importante señalar que la licenciatura en Humanidades del Centro Universitario de los Lagos ha sido un indiscutible punto de cohesión para que algunos de estos jóvenes se hayan identificado, no sólo en la formación académica, sino en foros literarios, talleres y publicaciones escolares. A los autores locales se suman aquellos de otras ciudades que arribaron para su formación profesional. De hecho, fue en el CULAGOS donde se editaron dos libros colectivos de poesía que inauguran esta generación: Paso de pieza (con poemas de Román Villalobos, Nancy Cedillo, Paúl Martínez e Isabel Escobedo) y La representación del incendio (con obra de Azazel Herrejón, Aarón Navarro, Juan Antonio Orozco, Paul Carrillo y Ada Martínez), ambos bajo el sello de Editorial Universitaria, dirigida por la maestra Yamile Arrieta. “Mañanas antes de las 10:00” se titula el siguiente poema de Isabel Escobedo, ejemplo de esta literatura renovada que busca nuevos signos para revelarse:

Los he convocado aquí para desayunar…
Pero fíjense que no se va a poder.

Estómagos
que de nada sirven
devuelven todo a pesar de la etiqueta
inexistente.

Estómagos que se inflaman
y te hacen sufrir al comer.

Reunidos como hermanos
miembros de esta mesa
íbamos a comer

Pero fíjense que no se va a poder.[1]

Además de la publicación de estos y otros libros, un aspecto que ha favorecido el impulso de las letras emergentes es el trabajo en colaboración, pues los colectivos de escritores se han convertido en su mejor gestor, impulsando lecturas públicas y ediciones para difundir el trabajo poético y narrativo de autores que antes no tenían espacios de difusión.
Por una parte, destaca Perro negro de la calle, revista electrónica que llegó ya a su número 45, impulsada por la tenacidad del trío conformado por Amaury R. Ledesma, Alfonso Koyoc y Jesús Prado, quienes de manera independiente sostienen el proyecto desde hace ya casi cuatro años, alternando la literatura y las artes plásticas con disciplinas periféricas a la revista, como la danza, el video y la música, entre otras.
Perro negro de la calle ha sumado autores de México y el extranjero, así como locales, entre los que podemos mencionar a J.L. Zúñiga, Samuel Pérez Zermeño, Paul Martínez Facio, Nancy Elizabeth Alcaraz Salazar, Rodrigo Ramírez Murguía, Sergio Medina, Joel Gómez Salas, Fernando Bonilla González, Antonio Alcaraz, Eliza Palacios y la tepatitlanense Anayanci de Alba.
Además, Amaury y Koyoc han impartido talleres de microcuento para niños y producido varios videos y audiocuentos con obra original. Esta jauría se abre a todos los espectros posibles del lenguaje sin contemplación, como lo señalan en uno de sus videos: “Géneros hay muchos, posibilidades todas. Por ejemplo, el fantasma de un arquitecto que retorna siempre a la postal urbana que más amó…”
Amaury es de los pocos narradores laguenses en la actualidad. Cultiva el género de horror, que le ha valido una notable aceptación en publicaciones nacionales y del extranjero. Este es un fragmento del cuento “Donde los poetas pertenecen”:

Risto contempló frente a sus ojos el lugar que todos ahí odiaban y despreciaban; un enorme agujero en el terreno de roca sólida, de unos veinte metros de diámetro. Un abismo tan imponente que a cualquier otro le hubiese hecho templar las piernas presa del vértigo. Ese abismo parecía no tener fondo, la luz incluso se apreciaba tragada por esas profundidades. Se entendía el hecho de que los temerosos nativos no quisieran ni acercarse a aquel lugar, pues con tan sólo ser visto, se accionaba una alerta de peligro y un claro instinto de auto preservación en ellos.[2]

Perro negro de la calle tiene ya una edición impresa llamada “Fundadores” y proyectos de colaboración con colectivos y revistas de diferentes latitudes de Latinoamérica, por lo que son un referente de la literatura al que se le augura un futuro amplio.
Más reciente, pero con actividad constante en la escena literaria local, la poesía ha reunido también al colectivo Elefante blanco. Como ellos lo señalan, “todos y todas provenimos de distintas latitudes, pero hemos sido encontrados por el azar en la ciudad de Lagos de Moreno”. Elefante blanco está integrado por Juan Antonio Orozco, Reyna de la Torre, Sam Peraza, Aarón Navarro, Laura Aguirre, Jorge Cualquiera, Diana Narváez, Andrés Acosta y David Barajas, entre otros, quienes además de la creación literaria asumen un activismo social en la defensa del medio ambiente y los derechos humanos.
Publican un fanzine con el nombre del colectivo, el cual se distribuye en la ciudad, además de una página electrónica en la que pueden disfrutarse textos poéticos, audios y video, tanto de los miembros del colectivo como de colaboradores invitados. Además, reconocen en las redes sociales un instrumento de difusión masiva e inmediata de la palabra escrita. Como muestra, va el siguiente fragmento de “Sin embargo me dices que somos jóvenes”, poema escrito por David Barajas:

alguna vez te dije que llorar es
otra forma de creernos,
el albor de nuestras voces pa(u)sadas,

y en preludio de nuestras sombras escucho
el raquítico graznido del jilguero
que anuncia el relevo
de tu ausencia[3]



o este otro, “Pan tostado”, de Laura Aguirre:

Último mordisco:
Sabe a una mezcla
de felicidad con nostalgia.
Una casa que ya no visito.
Una abuela que casi no escucha.
Unos vecinos que se han mudado.

Ojalá que el pan tostado
nunca se terminara.[4]

Como suele suceder con las generaciones de jóvenes que irrumpen en la literatura, seguramente algunos de estos autores no proseguirán con el tiempo en las letras, pero constituyen, por el momento, la vibración que la palabra en Lagos de Moreno y la región necesitan para mantener esa energía latente desde hace décadas. Me despido, pues, con este fragmento del poema “Volver”, obra de Sam Peraza:

Puedes volver a verme
Podemos incluso volver.
Ser más o menos felices estando más o menos juntos.
Puedes incluso hacerme daño de nuevo, porque sé que lo harás.
Estoy seguro de que puedo volver a amarte.
Dejar todo a tus pies.
Sentir el calor de tus labios y escucharte decir mi nombre en las mañanas.[5]




[1] Escobedo, Isabel et al. (2015) Pieza de paso. Ediciones CULagos. 94 pags.
[2] Ledesma, Amaury R. “Donde los poetas permanecen”. Visto en https://drive.google.com/file/d/1Oz34ZNQtS4OLBpo1a0jUxzlHNwc_3Ppm/view