30.3.13

Invierno en la tundra, de Arturo García


Durante varios días me batí con el papel, intentando escribir un memorable prólogo, con argumentos solemnes y un análisis retorcido, hasta que una relectura me enunció lo inevitable: Invierno en la tundra es un poemario cuya claridad e inteligencia no piden palabras, sino la lectura y el silencio, porque ya tiene la suma de lo poético: el pulso de las emociones y la concreción.
Arturo García, quien se había destacado como narrador en Mis días robados y La carpeta negra y otros cuentos, queda al desnudo en su versión como poeta, con este libro que escribió en su autoexilio y que lleva el peso de la autobiografía en cada línea. Se dedicó a escribirlo durante el último año, con la frialdad que implanta la lejanía con su tierra, la rivera de Chapala, y con el frío de las tierras del norte.
Aunque se trate de identidades independientes, no es una inconexa reunión de poemas, sino un largo poema en episodios, con distintas estaciones y geografías, donde el poeta se ha encontrado a lo largo de la vida. Es una suma de ausencias, un augurio de la soledad autoinfringida en el que tienen espacio la distancia, el exilio y, sobre todo, la memoria intacta de lo que ya se fue y de los que ya no están. Es un álbum de familia en el que hasta la utilería y las texturas del paisaje tienen una carga de nostalgia.
Como su título lo dice, el libro posee una sola y contundente metáfora: el alma en el exilio es la tundra y tiene inacabables llanos que guardan el frío glacial, donde el sol aparece un breve tiempo y en los inviernos la soledad impera. Estamos hechos de agua, dice el primer verso de Invierno en la tundra, como un presagio a las sustancias que lo constituyen y al temporal adverso que se recrudece con la distancia y en el tiempo dejado atrás.
El peso glacial del exilio y un hondo periodo de introspección, han despertado en Arturo García el verso llano y duro. Sin embargo, hay un calor soberano en las pasiones del corazón y en el dolor con el que se construyen los recuerdos. Como en la tundra, el despojo guarda un voto de esperanza: habrá sol y vendrá el deshielo, pues vendrán los hijos, el amor y el recuerdo de los ausentes, aquello que ni el tiempo ni la adversidad moverán de su sitio.
Un prólogo se vuelve regularmente en el elogio obligado. No quería yo hacer eso con al autor, quien es un entrañable amigo y con el cual me unen episodios gratos de nuestras vidas, pero en esta ocasión me confieso indefenso ante la palabra áspera del poeta y declaro mi asombro con una voz que no le conocía. Por eso callo y, ante todo, desvelo el placer de la lectura que me provocó este libro descarnado, escrito con el agua de la ausencia. Léanse pues estos gélidos versos que llegan del norte y nos ahogan en la infinita arena/ bajo la espuma…

García, Arturo. Invierno en la tundra, Charleston SC, Estados Unidos, 2012. ISBN 9781481194433. 172 pp.

Papalotzi 27

Ya está a la venta el número reciente de Papalotzi, con obra plástica: Gabriela Tolentino, Pacco Alexandre y Rocío de Montserrat. Textos de: Manuel Noctis, Diana A. Espinal, Aarón Rueda, Ayixón Sánchez Reyes, Ricardo Venegas, Aurora Moyeda, Indira L. Anampa, duardo Huato, Fabián Guerrero,Federico Jiménez, Luis M. Hermoza, José Jared Galván, Juan Caifán, J. Andrés Herrera, Enrique Valdovinos Portillo, Dante Alejandro Velázquez, Lily Elena Cuadra, Elizabeth Delgado, Edna Ananí Muñoz Venegas, Ruth Pérez Aguirre, Alejandro Olivo, Héctor Alberto Camacho, Gilbert Torres Gómez,  Adrián Gerardo Rodríguez, José Guadalupe Rojas, Celyn Naisha Merino Escobar, Lilian Muzquis Ayala, Néstor Pérez Díaz, Hugo Jamioy Juagibioy, Rosario Patricio Martínez, Víctor Manuel Pazarín y Luis Ángel Vargas.

8.7.12

Dimitrio y las líneas de la locura

La Casa Museo López Portillo, localizada en el primer cuadro de Guadalajara, cumple treinta años de actividad. Esta institución, dirigida por Marco Antonio Hernández, es uno de los espacios de la capital tapatía que abren sus puertas a jóvenes con nuevas perspectivas para la plástica, como lo son ahora “Lúbricas pasiones”, exposición colectiva sobre la diversidad sexual, y “Cuerdas no tan cuerdas” del laguense José Dimitrio Gómez.

Esta última, es una alegoría de 17 obras, entre óleo y escultura, en la que el animismo de cellos y violines recrea varias perspectivas de la condición humana, como si el instrumento fuera un poliedro receptor de vicios y virtudes. El cello representa no sólo su experiencia personal como objeto, sino como un sujeto en en el que se construye una relación trágica: la gracia del arte y las puertas de la locura. Obras como “Por una cabeza” y “¡Bon appetit!” son referente de este maridaje.

José Dimitrio Gómez es, entre los artistas plásticos de Lagos de Moreno, uno de los que más constancia y oficio han demostrado en los últimos años. Además de la enérgica juventud, tiene en su familia un staff que lo vitaliza en los intrincados quehaceres del arte, pues desde una temprana exposición escolar, a los nueve años, su trabajo con el pincel no ha descansado un solo día. En la adolescencia se integró al grupo Jardín del Arte y a sus 25 años ha mostrado su obra en diversas ciudades de Jalisco, el Bajío y Moreno Valley, al sur de California.

El placer por la literatura, la música y la historia le ha otorgado referentes temáticos que se han transformado en una serie de retratos de escritores, en abundante caricatura política y en arte urbano, con obras como el monumento al Charro, a Rita Pérez de Moreno y a Luis Moreno, así como varios bustos de personajes célebres a lo largo del Boulevard Ramírez Rentería, en Lagos de Moreno.

Con sus excepciones, la obra de Dimitrio tiene una constante compositiva: el uso de la línea ondulada y el contorno, con una sutileza que tiene referentes en Boticelli y en el art noveau, pero asentada con recursos propios en el siglo XXI. De esas líneas penden superficies acres o multicolores, cielos de intensidad enrarecida por la bruma y telas de aristócraticas curvas. Son la sinfonía que ya supuso el pintor alemán August Macke cuando escribió “sólo una fuerza sobrehumana es capaz de colocar los colores en un pentagrama como ocurre con las notas”.

La exposición “Cuerdas no tan cuerdas” es un impulso de la museógrafa María Dolores Hernández Rubio y del promotor cultural Fréderick R. Baillieux Mattheuws. Permanecerá abierta durante julio y agosto, para quienes disfrutan la música y las líneas que llevan a la locura.

15.6.12

Las brechas de Arturo Azuela

Hace unos días, la muerte de Ray Bradbury acaparó la atención de la comunidad literaria en todo el mundo. Tras el fulgor de la noticia permaneció la flama de otra muerte: el maestro Arturo Azuela Arriaga, ejemplar novelista que presidía el Seminario de Cultura Mexicana, sucumbió ante la enfermedad.

Arturo Azuela nació en 1938 en la Ciudad de México. Siempre se autonombró hijo de dos Santa Marías (Santa María la Ribera y Santa María de los Lagos), lugares en los que vivió durante la infancia y que tienen especial significado para la familia Azuela. Su espíritu humanista lo llevó a estudiar ramas del conocimiento diversas: música, matemáticas, ingeniería y filosofía de la ciencia. Dirigió varias instituciones académicas y viajó alrededor del mundo como investigador y catedrático. En 1973 publicó su primera novela, El tamaño del infierno, que lo consolidó en las letras mexicanas como un reformador del lenguaje y abrió el camino a una veintena de títulos más, entre novelas, ensayos y textos biográficos.

El día que lo conocí era yo un lector incipiente, de unos dieciséis años, ansioso de acercarme a los escritores como otro lo haría con un futbolista o con una actriz de cine. Cuando me enteré que el Ayuntamiento de Lagos de Moreno le había otorgado la presea Mariano Azuela pedí a un par de amigos que me acompañaran al teatro, pero ellos decidieron irse mejor al billar. Era mi oportunidad de conocer juntos a Alfonso de Alba, Alfredo Márquez Campos y Arturo Azuela, autores laguenses que ya conocía por sus libros, así que fui a sentarme solo en uno de los palcos.

Después de que el alcalde y el gobernador Cosío Vidaurri le colocaron la presea, Azuela pronunció su discurso de recepción con voz opaca y pausada, pero latente, en el que se refirió al espíritu creador de la capital alteña y a sus años de formación. Era un hombre fuerte, frondoso, de mirada ruda, pero con una sensibilidad impresionante, a quien fui y le di la mano después del evento, aún emocionado por sus palabras.

Con el tiempo, mi ingreso como Miembro Correspondiente del Seminario de Cultura Mexicana me dio la oportunidad de compartir con él varias actividades, tanto en Lagos, como en México y en Guadalajara. Nuestras charlas fueron siempre breves, pues regularmente estaba rodeado de amigos que lo tenían acorralado o lo apresuraban. Y cuando estaba solo era parco, limitado a observar más que a charlar. En público, por el contrario, era un conversador vehemente y podía tratar un tema por largo rato. Le apasionaba la música tanto como el Quijote (del cuál era experto) o narrar sus días en Lisboa y en Lagos tanto como la infancia en el kiosko de Santa María.

Fue el año pasado cuando tuve la oportunidad de saludarlo por última vez, en el Encuentro de Escritores de Salvatierra, donde ofreció una conferencia sobre Mariano Azuela, Yañez y Rulfo, los tres jaliscienses universales. Al final del evento, comiendo un delicioso pozole en los portales del Ayuntamiento, charlamos una vez más sólo un par de palabras, pues su fatiga era evidente. El hombre de roble que conocí en mi adolescencia se había debilitado y he pensado que esa noche en Salvatierra ni siquiera me reconoció.

Con la muerte, Arturo Azuela atiza la lumbre de su obra: una hoguera entre la ciencia y el arte, sin distinción de clase. El humanista se despide tal como concluye El tamaño del infierno: “las brechas no se acaban, siguen descubriendo cicatrices de difuntos, de vivos o de espectros”.

1.5.12

Dulces batallas que nos animan la noche

Cada año, desde el 2006, el Colectivo Paracaídas organiza en Morelia el Encuentro Nacional de Letras Independientes, en el que participan autores y artistas de todas las geografías del país. Azarosas han sido las jornadas en las que se han establecido vínculos y se han compartido experiencias sobre el oficio de trabajar la literatura desde la periferia, con esfuerzos al margen de la cultura oficial. Innumerables veladas, lecturas, proclamas y mesas de trabajo se han desarrollado bajo el cielo michoacano en búsqueda de una identidad literaria nacional, o mejor dicho: de las diversas identidades y voces que se construyen desde Tijuana hasta Yucatán.
Dulces batallas que nos animan la noche, es el producto que sintetiza el trabajo en estos años. Reúne alrededor de cuarenta narradores y poetas, entre los que destacan Diana Ferreyra, Gaspar Aguilera, Alejandra Quintero, Guillermo Samperio, Manuel Noctis, Carlos Martínez Rentería, Omar Roldán, Rafa Saavedra y los jaliscienses Berónica Palacios y Mario Z. Puglisi.
Como en toda obra antológica, algunos quedaron fuera, pero permanecen en el ánimo colectivo de este exitoso encuentro, cuyas horas de trabajo se extienden, como lo dice el título, en inacabables lucubraciones nocturnas. Joaquín Marof escribe en el prólogo: “Una antología es una promesa de diversidad literaria a bajo precio, es un acto de fe en conjunto y, al mismo tiempo, una esperanza de que cada texto sobreviva por sí mismo”.
 
Dulces batallas que nos animan la noche
Antología del Encuentro Nacional de Letras Independientes 2006-2011
Compiladores A. Quintero, F. Valenzuela y O. Quevedo
Varios editores
Morelia, Michoacán, 2011





2.11.11

Calavera, por Athena Nieves

Esta calavera escribió hoy mi estimada amiga Athena Nieves. La comparto.

A Dante la muerte un día
se le acercó por detrás
para ver lo que leía
versos rimas y demás.

Dante ni se percató
la huesos muy traviecilla
ni siquiera lo tocó
ni le hizo una cosquilla.

Porque pensó, muy certera
que un chance más debía darle
para que escriba mil libros
todos de amor y romance.

Y se fue sin despedirse
sin decir al rato vuelvo
y el chico sigue enfrascado
a toda hora escribiendo...
..

12.8.11

Memoria incendiada, de Berónica Palacios



Con este nuevo libro, Berónica Palacios (Chapala, 1973) cierra un ciclo de poesía íntima y personal en el que desnuda el tiempo vivido y los estadios del alma. Se trata de una reunión de poemas divididos en cuatro partes: estación natura, estación errante, estación herencia y estación vida. Cada una de ellas representa un círculo vital y un tiempo con evidentes signos autobiográficos y exploración del ser.
El acto de evocar es una constante en cada una de las estaciones: se buscan evidencias para comprender la incertidumbre del presente: en la piel del amante, en el hijo, en las sensaciones de infancia, en sí mismo… y parece que a nada se llega. Busco y solo encuentro un cofre de memorias fingidas, dice la poeta en uno de los versos, reconociendo que no todas las cicatrices del presente se encontrarán en el pasado, pues la memoria es también ingrata y escurridiza.
Aunque este andar a la deriva ocupa gran parte del libro, hay también momentos de plenitud. Ambos son intensos y se alzan con los cinco sentidos, pues Memoria incendiada es un golpe de vida para el lector y la palabra se manifiesta como un agente de pulsaciones: el deseo, la soledad, el hambre, la enfermedad, el placer, la belleza, el dolor y otros dignos de perpetuarse en la poesía.
Para quienes gustan de la literatura emocional, abrir estas páginas será sustancioso. Es un recuento de "incendios" que llagan la piel, una pausa en el mundo para arrojar la palabra que desgarra, los anhelos de infancia, el despiadado refugio familiar y todo aquello que no es resuelto sino en el verso desnudo: aquel que palpita. Memoria incendiada es, entonces, un acto de poesía vital, sin retóricas inecesarias.

La consigna y el milagro, de Julio César Aguilar




Cuál es la puerta aguardando / la sombra que soy… con estos versos parte el recorrido de La consigna y el milagro, poemario signado por periodos en los que el dolor y la contrariedad velan los primeros años de un individuo, quien se asume como una voz en permanente duda y adquiere conciencia en los actos y en el descubrimiento de su circunstancia, por triste que esta sea.
En este libro, Julio César Aguilar extiende un mapa de la infancia, en el que la poesía es el regulador de los emisarios que proceden de la experiencia individual y arrojan a media voz sus vértices: el dolor y la alegría, en un discurso escrito en voz baja, sin los aspavientos de algunos poetas contemporáneos. Reconoce que el mundo personal no se construye con certezas, sino con interrogantes en las cuales habitan sombras y luces. No es un mundo que se explica, sino un mundo que se describe
La consigna y el milagro ha sido traducido a varios idiomas. Ahora Ediciones Papalotzi presenta esta versión español-árabe de la poeta egipcia Omnia Zakaria Amin.
Julio César Aguilar (1972) es poeta, editor, ensayista y traductor. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, polaco y persa. Es autor de Rescoldos (1995), Nostalgia de no ser mar (1997), El desierto del mundo (1998), Orilla de la madrugada (1999), Illuminated Mysteries/Misterios iluminados (2001) Una vez un hombre (2004) y Transparencia de lo invisible/Transparency of the Invisible (2006), entre otros libros.

11.6.11


Por fin aparece Un canto me demanda, memoria de poesía laguense, un proyecto que tuvo sus tropiezos. Gracias a Berónica Palacios por el apoyo editorial, a los poetas que participaron y a quienes han hecho de Lagos de Moreno un referente en la literatura de México.

Un canto me demanda, memoria de poesía laguense es una selección que recorre más de cuatrocientos años de poesía en Lagos de Moreno (Jalisco). Se trata de una fotografía de familia en la que el lector encontrará desde poetas reconocidos hasta autores con escasa difusión y jóvenes emergentes. Esta obra recupera para el lector reciente la tradición literaria local, la cual se reinventa día a día.
Autores que aparecen: Juan Bautista Corvera ● Pedro de Trejo ●Celestino González ● Agustín Rivera y Sanromán ● José Rosas Moreno ● Ramón H. Iriarte ● Ruperto J. Aldana ● Bernardo Reina Reyes ● Antonio Moreno y Oviedo ● Francisco González León ● José Becerra Villalobos ● Rafael de Alba ● Alfredo J. Becerra ● Francisco de Alba Gómez ● Federico Carlos Kegel ● José de Jesús Torres ● Gabriel López Arce ● José Villalobos Ortiz ● Vicente Veloz González ● Francisco Guerrero Ramírez ● José Pérez Moreno ● José I. Correa ● Adalberto Navarro Sánchez ● Jesús Martínez Ramírez ● Flavia Duncan ● Rodolfo Revilla ● Hugo Gutiérrez Vega ● Víctor Hugo Lomelí ● Ygnacia Cervantes ● Hugo René Ruiz Esparza ● Lourdes Jiménez ● Blanca O. Chávez ● María de los Ángeles Aldana ● Irma Estela Guerra ● José Manuel González ● Adriana Cecilia Avelar ● Dante Alejandro Velázquez ● José Luis Rosas Luna ● Francisco Ramos ● Juan Manuel Islas Vargas ● José Miguel Becerra López ● Beatriz Ortiz Wario ● Iván Montán ● Daniel Picón ● Dalia Zamora ● Andrea Aguiñaga ● Román Villalobos.
Un canto me demanda. Memoria de poesía laguense. Dante Alejandro Velázquez, compilador. Ediciones Papalotzi. Guadalajara, Jalisco. 2011. ISBN 978-607-8169-02-3. 188 p.p.



21.3.11


Ya está en circulación el número 21 de Papalotzi, en el que encontraras poesía, narrativa, teatro, reseñas y más. Nuestras lenguas invitadas son la chiapaneca y ñuu savi
Colaboran:
Kalu Tatyisavi ● Mario Nandayapa ● Lina Zerón ● Margarita Gudiño Limón ● Arbey Rivera ● Lib Rivera ● Luis de Pablos ● Xmal Ton ● Leticia Cortés ● Reymundo López Robledo ● Miguel A. Gutiérrez O. ●Francisco Bombién ● Arturo Accio ● Amalia Gog ● Ana Lucero Zamora ● Jeremías Ramírez ● Alejandro Campos Oliver ● Guillermo Ríos Bonilla ● Christian Pastor Cruz ● Fernando Villaseñor ● Román Villalobos ● Juan Manuel Sarabia ● Virginia Martínez Rizo ● Edgar Mayo ● Esteban S. García ● Dámaso Daniel Ramírez ● Daniel Gorosito ● Florencia Marón
Artistas plásticos:
Juan Manuel Cunjamá ● José Baldi ● Julio E. Neira ● Lázaro Prado Ontiveros

16.1.11

Requiem desde el vacío


El pasado sábado 15 de enero se presentó el poemario Réquiem desde el vacío en el foro de La Rueda Cartonera (Díaz de León 562), un nuevo espacio para la difusión del arte y la literatura que comandan Lorena Baker y Fernando Zaragoza. El siguiente es un comentario que escribí para la contraportada de esta obra, cuyo trabajo de diseño es de Sabrina Buenrostro.

Este nuevo poemario de Arturo Accio, Réquiem desde el vacío, no tiene postulados, pues parte de una poesía a la deriva, enfrentada a los miedos y tragedias del sujeto que la enuncia. En la ciudad aparentemente serena se esconden infinitos mundos, y en ellos permanece la gran tragedia humana, disfrazada por relaciones que intentan en vano suavizarse o volverse nihilistas.
El sujeto de la poesía no es la voz interior. Se trata de múltiples personajes que habitan la ciudad y exponen sus conflictos, placeres y enfermedades. Cada uno es Accio y Accio es el enunciante de cada uno. Se convierte en el escribiente que los toma al tiempo que ellos se esfuman. Parafraseando a Octavio Paz, “son reales y se disipan”. Lo que no puede asirse termina desmoronándose en manos del sujeto mismo.
Este libro es, entonces, la perspectiva del que cae, del que no tiene esperanza o simula tenerla. Algunos versos lo enuncian: “Mis héroes se han hecho fantasmas” o “algo siempre continúa rumbo al piso”. Se trata de relaciones a medias, amores insatisfechos, suicidio o indiferencia ante lo incontrolable. Se escriben, como lo dice el título, desde el vacío.
Accio reivindica la poesía conversada, a manera de monólogo, en voz de un peatón común, de un vampiro urbano, del hombre que busca amor, y del noctámbulo destinado al fracaso. Se trata del humano violentado por una sociedad audiovisual y un monstruo mediático; en sus relaciones reconoce su pequeñez y vive a la deriva. Se trata, pues, de un libro en el que habita el individuo en constante caída ante el mundo posmoderno.
Accio, Arturo. Réquiem desde el vacío. Eugénesis Publicaciones. Guadalajara. 2010. ISBN 978-607-9049-317. 120 p.p.

6.1.11

Recuento 2010

Parece desierto el 2010 porque tuve en olvido este blog. Seguramente el año que comienza habrá oportunidad de recuperar la constancia. Sin embargo, nada fue en vano. Diseñamos, publicamos y difundimos tres números de la revista Papalotzi, demás de cinco nuevos títulos:

Memoria incendiada, de Berónica Palacios
Trascender, Memoria del pueblo otomí, de Isaac Díaz Sánchez
El abrazo de Ixtab, de Óscar Palacios
A mitad de la lluvia, de Víctor Manuel Vázquez
Palabras del viento, de Isaac Díaz Sánchez.

Como colaborador literario, debo agradecer a Miguel García Ascencio y a Gerardo Gómez por considerar trabajos míos para La Gaceta de la Universidad de Guadalajara y El Cartón, de Lagos de Moreno, respectivamente.

Algunos poemas míos aparecieron en los siguientes libros:

Siberia es un libro de La Rueda Cartonera, con obra plástica de Fher Ferrer, quien invitó a varios poetas a trabajar poesía breve inspirada en sus gráficos. Participan, entre otros, Sergio Fong, Jorge Daniel "El eNe", Berónica Palacios, Lorena Baker y Fernando Zaragoza. La Rueda Cartonera es un proyecto de libros artesanales que tiene equivalentes en toda latinoamérica.

La otra antología reune obra de escritores que han participado en La otra FIL. Arturo Accio se ha dado a la tarea de recopilar estos textos y generar un producto literario de estos años de actividad cultural marginal, pero viva y eminentemente ciudadana.

5.12.10

El abrazo de Ixtab*


Alfonso Gorozpe Utrilla es un joven que despunta en el mundo literario. Ha ganado un premio en España y su vida de soltero ronda entre el alcohol, las mujeres y una actitud nihilista. Una mañana despierta en medio de la resaca. El espejo, como símbolo de autoconocimiento, sacude la primera reflexión del personaje: “No sé cómo se atreve uno a enfrentarse al reflejo revelador al día siguiente de una juerga”. En ese trance recibe una noticia: debe viajar a San Cristobal de las Casas, Chiapas, porque una tía solterona ha fallecido y le ha heredado sus bienes.
Con estos dos incidentes se abre la trama de El abrazo de Ixtab, novela reciente de Óscar Palacios donde el sujeto en crisis se pregunta quién ha sido y hacia dónde va. Como en la tragedia clásica, termina por entender que los enemigos existenciales no viven en la periferia, sino cuerpo adentro y en la relación con los más cercanos: la sombra de la madre, el amigo que traiciona, la pareja inasible, las derrotas personales y los anhelos incumplidos.
El protagonismo de Alfonso es arrancado en ciertos pasajes por la sombra de San Cristóbal de las Casas, sitio que se anuncia desde el primer capítulo y que representa un paradigma de la ciudad media mexicana, esa en la cual se confabulan los demonios, enaltecidos por las pasiones humanas y su destino inevitable, pero donde también se salvan o redimen las inquietudes de quienes la habitan. Lo dice el mismo Alfonso cuando narra su viaje hacia San Cristóbal: “Y comenzamos a subir rumbo al cielo”. El cielo es, en efecto, una metáfora de los presagios que le esperan. Estos van cayendo a cuentagotas a través de los objetos, las personas y el clima de una ciudad sólo conocida por citas familiares: una calle solitaria, un peatón torpe, una casa hermética, una habitación tapiada, una mujer de silencios. Todos tienen los signos del tiempo, la revolución, la guerra cristera, los años sesenta, la religión, la familia y sus complejos, pero no se enuncian a la primera, sino que van abriéndose lentamente.
Al igual que Hamlet, el delirio es el vehículo por el cual Alfonso Gorozpe encuentra y reconoce los equívocos de la vida. En uno de ellos dice:

¿Dónde está la vida? ¿Dónde está mi vida? La viví o la imaginé. No hay tiempo de
respuesta. Ahora no entiendo en qué tiempo y espacio estoy. Todo es sombra, sólo
sombra.

Es entonces que el referente de Ixtab, la diosa maya del suicidio, se encarna en Amanda, un personaje no aleatorio, sino definitivo de la novela. Amanda es la la justicia que enfrenta Alfonso en el momento del suicidio espiritual, quien lo acompaña a despejar el pasado, desnudar el presente y absolverse. En la novela, Amanda es casi un sueño, una velada fuerza que transforma, como si no tuviera más rol que ennoblecer los delirios de Alfonso. Aún después de releer la historia se pregunta uno si Amanda es un desdoblamiento de la vida o un asomo de la muerte. Y es, paradójicamente, el único de los personajes sin pretensión real de influir sobre Alfonso.
El discurso de la novela es fluido y nos dibuja diversos senderos de la cultura nacional. Óscar palacios es un novelista convencido de que la realidad y la ficción son indivisibles. La novela es un recipiente en el que se bosquejan innumerables citas de escritores y políticos, de canciones populares y pasajes históricos, de la geografía y del tiempo mexicanos. Es, por tanto, un mapa del país en el cual todos somos concurrentes y nos reflejamos.
Con El abrazo de Ixtab, Ediciones Papalotzi abre su espacio a la novela. Óscar Palacios es hoy un escritor maduro, cuya narrativa no procura emparentarse a los altos cielos. Por el contrario, vuela a ras del piso, en las cosas cotidianas y en la mal llamada “provincia” mexicana. Con ejemplos como este, tenemos la certeza de que la narrativa del país se desplaza por caminos estables.

Palacios, Óscar. El Abrazo de Ixtab. Prólogo de Cathy Fourez. Ediciones Papalotzi. Guadalajara, 2010. ISBN 978-607-003606-4. 152 pp.

25.10.10

¡Comienza la fiesta Papalotzi!







Empiezan las actividades por el 6° aniversario de Papalotzi. Adjunto los carteles oficiales y los esperamos.



23.10.10


Alguna vez leí un libro sobre el suicidio en una colección de bolsillo que se llamaba Duda, publicada allá en los años setenta por La Prensa (¿o sería por una revista homónima que trataba temas de extraterrestres, fantasmas y demás “misterios”? No lo sé). En aquel libro, el testimonio de una mujer con tendencia suicida fue móvil para que yo escribiera mi cuento llamado Inmóvil, que trata sobre una niña empecinada en ir todos los días al jardín de su casa a “morirse”.
Inmóvil es, entre los de La tentación, el texto que más comentarios me ha entregado, quizá por romántico o por sus aspiraciones góticas. Fue también la primera colaboración que entregué a la red, cuando Leya la subió al portal de Chatmaniacos en el 2000. Además, tiene un guión para cortometraje que se quedó enlatado antes de nacer.
Hace tiempo recibí de Romina Vázquez, una buena alumna de arquitectura, este pastel inspirado en el cuento. Desde el césped, el personaje mira desbandarse los pájaros, mientras su mano, en primer plano, se abre como un presagio. Un buen tema para las lunas de octubre.

16.9.10

Lagos de Moreno, Patrimonio Cultural de la Humanidad


(Foto. El Informador)
En esta época de bicentenarios, guerras vacuas, ejecutados y alianzas políticas hay noticias que nos ofrecen un solaz espacio. Una de ellas es la reciente declaración del Camino Real de Tierra Adentro como Patrimonio Cultural de la Humanidad, realizada por la UNESCO el pasado 3 de agosto en Río de Janeiro, gracias a la gestión que hizo durante algunos años el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
De acuerdo con la UNESCO, “El Camino Real de Tierra Adentro, también conocido por el nombre de ‘Camino de la Plata’, comprende cinco sitios ya inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial y otros 55 sitios más situados a lo largo de 1.400 de los 2.600 km de esta larga ruta que parte del norte de México y llega hasta Texas y Nuevo México, en los Estados Unidos. Utilizado entre los siglos XVI y XIX, este camino servía para transportar la plata extraída de las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí, así como el mercurio importado de Europa. Aunque su origen y utilización están vinculados a la minería, el Camino Real de Tierra Adentro propició también el establecimiento de vínculos sociales, culturales y religiosos entre la cultura hispánica y las culturas amerindias”.
Uno de esos 55 sitios señalados por UNESCO es el Centro Histórico de Lagos de Moreno “y su puente”, con una extensión de 29.08 hectáreas y 92.25 hectáreas de amortiguamiento, además de la hacienda de Ciénega de Mata, con 2.4 hectáreas de extensión. También fueron incorporados el Fuerte y un puente virreinal en Ojuelos, así como el cementerio de Encarnación de Díaz.
Para la sociedad de Lagos es una noticia que alienta la permanente defensa de su patrimonio, pues el éxito de esta empresa recae no sólo en el INAH, sino en los esfuerzos que por décadas han realizado incontables laguenses por conservar, mantener y prorrogar la identidad de la ciudad, sus inmuebles históricos y la armonía de su Centro Histórico. Hay una larga historia de luchas para abatir los atentados contra nuestro patrimonio. Recordemos tan sólo la labor de gente como Agustín Rivera, José Amador Villagrán, el arquitecto Salvador de Alba, el periodista Carlos Gómez Mata, la asociación Patrimonio Arquitectónico Laguense (PARLA), el mismo gobierno municipal y muchos otros que no terminaría de mencionar.
Ya en 1989 se había obtenido un logro con el Decreto Federal de Zona de Monumentos Históricos y la posterior catalogación de más de 600 bienes inmuebles por parte del CONACULTA y del INAH. Ahora es tiempo de incorporar nuevos procesos de trabajo y participación social en un caso inédito. El compromiso de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad va más allá de las acciones desarticuladas o de iniciativas informales.
Por otro lado, es la tercera ocasión que Jalisco se beneficia con una declaratoria de esta envergadura (después del Hospicio Cabañas y del Paisaje agavero), sin embargo, la noticia no corrió con la desbordada emoción que yo hubiera supuesto por parte de las autoridades estatales, ni se transmitieron cápsulas televisivas, como sucedió con el caso del paisaje agavero, seguramente porque los municipios involucrados están a infinita distancia de la capital y porque su potencial económico no tiene los mismos horizontes que los de la industria tequilera. Qué mal pensado.
Ahora corresponde a las instancias correspondientes generar los programas de conservación pertinentes y cumplir con los lineamientos establecidos por la UNESCO. Es sólo el inicio de una historia en la que habrán de librarse diversas batallas. La primera de ellas: transformar a subdelegación la actual ventanilla de atención del INAH, que bien hace falta desde hace años. Felicidades, Lagos de Moreno.

7.8.10

Juegos florales de Lagos 2010



El periodista bieloruso Ryszard Kapuscinski, escribió lo siguiente sobre la relación entre el poder y el individuo de nuestro tiempo:

La gente teme ser absorbida, despojada, que se le homogenice el paso, la cara, la mirada y el habla; que se le enseñe a pensar u reaccionar de una misma manera, que se le obligue a derramar la sangre por causas ajenas y, finalmente, que se le destruya. De ahí su inconformismo y rebeldía, su lucha por la propia existencia y, en consecuencia, por su lengua.

El despojo a que se refiere Kapuscinski, tiene en la literatura uno de las resistencias permanentes y ha dado a nuestra historia universal personajes y obras profundas que sostienen la supervivencia del individuo sobre los intereses del poder sólo con una herramienta: su palabra.
Paradójicamente, el buen escritor está inconforme con su propia lengua, de ahí su constante batalla por embellecerla o dotarla de nuevos paradigmas, sabe que las lenguas vivas reverdecen cada día y se insertan en campos semánticos novedosos como la tecnología, la juventud, las causas sociales y la conectividad entre naciones.
En este contexto, es elogiable la participación de escritores libres en certámenes que tienen en la palabra la sustancia fundamental, como en este caso. También lo es el interés del Comité Organizador por renovar el modelo de Juegos Florales en un mundo que exige la ruptura de protocolos añejos, insostenibles por sí mismos, y en el que la lectura compite día a día con modelos de comunicación audiovisuales y con el hipertexto, ese hermano menor del texto impreso, pero que parece ser de más interés sobre todo en los jóvenes.
Como parte del jurado calificador, en el cual me acompañaron los escritores Laura Solórzano y Juan Pablo Torres, estoy satisfecho por la calidad de los trabajos recibidos, ya que algunos de estos son dignos de difundirse o ya deben ser publicados. Si decidimos no otorgar menciones honoríficas fue por mantener el anonimato de los no ganadores y porque tienen posibilidad de participar en otros certámenes.
Las múltiples voces que llegaron a Lagos manifiestan la permanencia de la palabra en el quehacer del mexicano, del ámbito rural al urbano, del discurso callejero a elaboradas figuras de lenguaje y de la preocupación estética a posiciones sociales y políticas.
Los trabajos ganadores tienen su particularidad. José Francisco Márquez Alonso, con su poemario titulado Objetos vivos, eleva al campo de lo estético esos objetos elementales en los que se construye el día común: el trapeador, el estropajo o la mesa, en un espacio poético sensible y lúdico.
Por su parte, Juan Casas Ávila participó con un conjunto de cuentos en los que el humor ácido, el uso de la estructura circular y la tragedia humana se entrecruzan en una narrativa de aires posmodernos
En resumen, los escritores ganadores de este certamen pertenecen al tipo de individuos que Kapuscinski describe, los rebeldes que no dejan de ser amorosos con la palabra.

18.7.10

Tex Tex, Rita Pérez y la rotonda


Deambulando por Youtube, me topé con esa canción que dice: “Oh mamá / yo no quiero estudiar / quiero ser policía judicial / igual que mi papá”. Sí, señor, se trata de Paco, Lalo y Chucho, los integrantes de Tex Tex, esa legendaria banda del merito Texcoco reconocida por sus caritas feas y por rolas como “El hijo desobediente”, “Te vas a acordar de mí”, “Me dijiste” o “Yo no maté al Sheriff”.
Alguna vez me sumé al slam que los muñecos invocaron en la etílica Feria de San Marcos, cuando aún no llegaba a los veinte años y quería mover el esqueleto a como diera lugar. Lalo Tex nos dijo entonces que su mamá nunca le auguró llegar a rock star, pues estos son altos, guapos y flacos, mientras que él era chaparro, gordo y feo.
La figura de los Tex Tex (nacos y cachetones) no representa capital para la gran industria del rock que mueven ciertas trasnacionales, por lo que esta banda chilangona ha tenido que seguir en la periferia de los círculos nice y azotar su música en festivales y toquines de la comunidad arrabalera y de los rocanroleros comunes, sumando más de veinte años en el escenario, y los que vienen.
Seguramente no accederán a los círculos de la oferta mediática y quedarán a la sombra, como ha sucedido con doña Rita Pérez de Moreno, una mujer que hasta hoy permaneció opacada por los emblemáticos artífices de nuestra Independencia, pero no por méritos menores, sino porque la historia oficial ha definido rangos de patriotismo y fama en los que no figuran esta sanjuanense heroica ni muchos otros mexicanos.
Resulta que la diputada local Rocío Nakamura anunció hace tiempo que el próximo 27 de agosto serán trasladados los restos de doña Rita Pérez de Moreno a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en otra medida más para justificar el presupuesto estratosférico con el que se “festeja” el famoso bicentenario de la Independencia.
Rita Pérez acompañó a su esposo Pedro Moreno en la defensa del Fuerte del Sombrero, en un episodio intenso de la lucha por constituir este país. Una vez consumada la independencia de México, decidió recluirse en su natal San Juan de los Lagos. Ahí vivió hasta los ochenta años y ahí decidió morir. Resulta impertinente que ahora la depositen en una ciudad ajena, en la que nunca vivió, y que deba compartir un sepulcro en condominio, donde ni todos los ilustres están ni todos los que están son ilustres, sobre todo esos “beneméritos” sindicales y partidistas que han llegado últimamente a esa morada.
Es también preocupante que el Ayuntamiento de San Juan de los Lagos no haya considerado otro fin para sus restos y los entregue así nomás. La defensa del patrimonio debe ser prioridad de los municipios, aunque se enfrente a decisiones que contrapongan las expectativas del estado o de la federación. Este municipio será “recompensado” con una estatua a la insurgente, seguramente otra insignia acartonada de bronce como las hay por cientos en todo el país.
Es como si a los muñecos de Tex Tex los quisieran meter por la fuerza al Rock Hall de Cleveland.

27.3.10

Yo soy yo


A Fernando Solana Olivares


Fue en el Jardín de niños cuando por vez primera descubrí que yo era yo. Mi madre, como las de mis compañeros, acostumbraba llevarme el lonche a la hora del recreo. Una mañana de tantas salí del salón de clases y corrí a la reja del zaguán, donde se congregaban mis compañeros para recibir la lonchera, un beso o algún recado familiar.
Sin embargo, no vi a mi mamá entre las otras mujeres. Esperé unos diez minutos y me impacienté tanto que decidí “ir a casa” a buscarla, sin importarme la escuela. Algo debió sucederle, pues era su costumbre llevar puntualmente mi sándwich y mi jumex.
Supongo que entonces no era tan estricta la vigilancia como hoy, pues no recuerdo haber tenido problema al cruzar el zaguán, entre falda y falda, y salir directo a casa. Son bonitas las escapatorias sencillas.
Nunca había andado sólo en la calle a esas horas, pero no tenía chiste, pues conocía la ruta de todos los días. Había qué cruzar el barrio de la Purísima y listo. A cinco o seis cuadras estaría mi mamá.
Llegué a casa y toqué la puerta, pero nadie salió. Pensé “puede estar con mi tía Lupe, que no vive tan lejos”, así que fui allá, con tan mala suerte que tampoco salió alguien a mi llamado. Me quedé parado como menso, sin mamá, sin tía Lupe, sin sándwich y sin jumex. No había otra opción. Volví a la escuela como un navegante fracasado. Mi sorpresa fue encontrar a mi madre con el lonche y a la Directora, esperando en el zaguán con cara de espanto. Había terminado el recreo y a Dantito no lo encontraron por rincón alguno.
—¡Dónde andabas, demonio! —dijo mi mamá llevándose a la cabeza las manos. Luego me dieron un sermón como los de la misa dominical, diciéndome tonto y ensanchando la preocupación de que un niño de mi edad anduviera sólo por la calle.
Empezaba a creerme lo tonto, pero miré a través de la reja el patio escolar y una imagen me entusiasmó al instante: era la primera vez que miraba la escuela en horas de clase y no estaba yo dentro. Sólo se escuchaba el rumor de las aulas y ninguna voz era la mía. Miraba todo extraño y extraña era mi sensación al descubrir que yo existía aún sin lo que cotidianamente me rodeaba: una mamá, un horario, un lonche o un aula de clases.
—Anda, vete al salón y que no vuelva a suceder— dijo la directora nalgueándome. Lo hice con gusto, pues quería saber lo que se siente entrar sin que te lleven de la mano.