Hace unas semanas, una trabajadora social del IMSS preguntó a mi esposa su lugar de nacimiento. Ella contestó “Chapala” y la mujer anotó “Guadalajara” en un documento. Acto seguido entablamos una discusión, nosotros defendiendo la autonomía política y geográfica de Chapala y la funcionaria empecinada en que Chapala es jurisdicción tapatía. Como es de suponer, nuestra rival no se rindió y salimos bufando de su pequeño imperio. Lo cierto es que las conurbaciones centralistas del país (México, Guadalajara y Monterrey) se han convertido en una especie de ghetto para millones de habitantes, quienes viven cercados por la ciudad e ignoran lo que alrededor sucede. Son una masa inconsciente de la geografía y las condiciones reales del territorio nacional. Para ellos da lo mismo Autlán que el Caquixtle, no alcanzan a identificar las categorías de otros centros de población y son incapaces de concebir una vida “urbana” en asentamientos distintos a la “gran capital”. Se los ha comido el monstruo. Pero lo realmente triste es cuando el estado alimenta el ego del monstruo. Y va un ejemplo. En estos días, el gobierno de Guadalajara ha decidido implementar una nueva señalética a las vialidades del centro histórico bajo un programa de nombre “Ciudad Legible”. Se trata de placas plásticas en las que fue incluida una breve descripción sobre el origen en el nombre de cada vialidad. Si uno camina por el centro puede leer cosas como esta: “Pedro Moreno. Caudillo insurgente nacido en Guadalajara en 1775”. No. Moreno nació la hacienda de La Daga, jurisdicción de Lagos (a poco más de doscientos kilómetros de Guadalajara) y falleció en 1817, en una emboscada del ejército realista. Fue un hacendado y comerciante de ideas progresistas que combatió en los límites de Jalisco y Guanajuato, específicamente en el Fuerte del Sombrero, un paraje agreste al que llegaron familias completas de insurgentes. Fue ahí donde se le unió el español Xavier Mina. Juntos combatieron y resistieron un épico sitio. Moreno vivió en Guadalajara sólo una temporada, en su juventud, cuando estudiaba en el Seminario. ¿Este error tendrá secuela en la población? Seguramente pocos leen las placas y al gobierno tapatío le preocupa en lo mínimo. Para ociosos como yo hay una congoja al saber que este error informativo costó tres mil 670 pesos (según el titular del Fideicomiso de Turismo, Enrique Balcácer) en cada monada de placa y el costo total del programa anda sobre los ocho y medio millones de pesos. ¿Qué otros datos imprecisos con dicho monto habrá por ahí? Mientras el gobierno de Jalisco se encarga de segregar a los municipios fronterizos y el Congreso del Estado desaira a próceres como el Licenciado Verdad (porque nació hasta La Punta), la zona metropolitana de Guadalajara extiende su imperio. Ya va por Tlajomulco, regentea en Chapala y tiene un nuevo insurgente.
Todos tenemos algo que contar de David el “Negro” Guerrero. Un hombre de personalidad efervescente, lúdica y fraternal no podía sino eso: acumular amigos y sembrar historias por todos los rincones. La madrugada del 29 de octubre nos arrancó el sueño. David había fallecido tras una serie de agravantes de salud. Esta noticia fue un pasmo para la radio jalisciense y levantó innumerables recuerdos a quienes nos atravesamos en su entusiasta camino. Por eso su funeral fue un hervidero al que asistieron personajes del medio cultural de Jalisco, funcionarios públicos, escritores, pintores, teatristas, músicos, promotores culturales y, por supuesto, radioaficionados. Fue un tipo que respiraba por placer, un buen lector, promotor de las artes y defensor de la radio inteligente. Aunque se inició en el Instituto Mexicano de la Radio, fue Radio Universidad de Guadalajara la casa donde consolidó proyectos personales como Crónicas de aquí, El fonógrafo, El Tendedero o La cuenta de los guías. Para el 2002 ya había recibido el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez y la presea Pluma de Plata 2002 del Festival Cultural de las Fiestas de Octubre. Colaboró también en El informador. Para Lagos de Moreno, David Guerrero es el personaje que detona el desarrollo de la radio cultural local. En los cinco años que dirigió Radio Universidad, a invitación atinada de Roberto Castelán, logró generar un abanico de colaboradores y programas competitivos con cualquier digna estación cultural del país. David entendía que el centro no debe “conquistar” los suburbios ni “aleccionar” territorios cuyas dinámicas culturales son distintas. Este entendimiento lo llevó a integrarse inmediatamente a la sociedad de Lagos de Moreno. Lo mismo se le escuchaba en la cabina de radio que se le veía en un evento protocolario, tomando una cerveza en la cantina u ovacionando desde la galería del teatro. Su casa y su familia (Frida, Raúl, Aldo y Angelina) fueron testigos de discusiones interminables sobre el quehacer de la cultura y de algunos partos, como el de nuestra Baluarte o el Congreso Nacional de Contracultura. La hora del jefe, su revista vespertina, reunía a la comunidad, al intelecto y a los quehaceres cotidianos de Lagos, con sus vicios y virtudes, sus méritos y sus dolencias. Alguien comentó hace días que si David Guerrero no hubiera abandonado Lagos otro sería el destino. La muerte me agandalló un amigo y con el agandalle se fueron talento, proyectos y noches de radio, guarapeta, literatura y música, como aquella en la que por culpa mía se extravió Simba, su mascota, un labrador noble que se aquietaba tristemente tras la reja de la ventana cuando la casa estaba sola. Lo buscamos toda la madrugada por las calles de Lagos hasta que dijo el Negro “Mejor vamos por otras chelas”. Simba no volvió más. Hace dos meses Bero y yo lo vimos por última vez, cuando asistimos a Los sueños del éter. Para David este era un programa que lo devolvía al micrófono después de un tiempo difícil en el pedestal burocrático. Hacía nuevamente lo que más disfrutaba: comandar la cabina y recrear el cuadrante. Nuestra bebé, aún en el vientre, alcanzó a recibir un par de mensajes irreverentes del Negro, con esa voz de timbre azucarado que sigue tendiendo recuerdos y que será sustancia indisoluble de nuestra generación.
El Centro Universitario de los Lagos inauguró en días pasados la exposición La escritura y el deseo, proyecto que Alejandro Zenker desarrolla desde hace varios años y que ahora reunió a una veintena de escritores jaliscienses. En breve aparecerá una edición con las fotografías de Zenker y textos de los involucrados, quienes escribimos sobre esta experiencia entre la palabra y el cuerpo, la camara fotográfica y eros. La exposición puede ser visitada en Casa Serrano, en Lagos de Moreno.
Este libro es una selección de José Bru, Raúl Bañuelos, Dante Medina y Jorge Souza que permaneció enlatada unos años y ahora sale al público. 101 poetas y misma cantidad de artistas plásticos fueron incluidos. Aparece uno de mis poemas de Púrpura, acompañado por un excelente cuadro de la pintora tapatía Luz Elena Arellano.
Este fin de semana se desarrollará la III Jornada de revistas culturales. El tema a desarrollar es "Las revistas culturales como testimonio y documentos histórico". Están todos invitados. La cita es en el Centro Cultural Mixcoacalli, viernes y sábado.
La Red de Revistas Independientes, Centro Cultural Mixcoacalli, Librería El Aguaje, Las revistas: Papalotzi, La Rueda y Va de Nuez
CONVOCAN A LA 3RA JORNADA DE REVISTAS CULTURALES EN GUADALAJARA
Bajo el tema:
Las revistas culturales como testimonio/ documento histórico.
Se invita a todas las revistas, escritores y promotores culturales a participar los días 11 y 12 de septiembre de 2009, en la 3ra jornada que se llevara a cabo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco en el Centro Cultural Mixcoacalli* y en La Librería El Aguaje**.
Actividades a realizar:
1) Mesa de ponencias: Las revistas culturales como documento histórico.Invitados especiales: personajes de la vida cultural, reconocidos por su labor en el ámbito cultural de nuestro estado. (20 minutos)
2) Mesa de presentación de revistas: con el eje temático: Origen de la revista (a presentar), su entorno y sus alcances. (10 minutos)
4) Exposición de revistas culturales. (Si alguien puede prestar ejemplares de colección para la expo de revistas, háganlo saber al correo de la red de revistas: redderevistas@gmail.com)
5) Venta de revistas.
6) Antología de textos publicados en revistas culturales entre los años 2008 y 2009. ***
Los tiempos de participación, los horarios y el programa general quedan a consideración del comité promotor, de acuerdo a la inscripción de los participantes. La convocatoria queda abierta a partir de su publicación y se cierra el día 28 de agosto de 2009. Las inscripciones serán vía internet al correo: redderevistas@gmail.com
El costo de la participación para cubrir los gastos de producción y difusión será de 100 pesos, pueden depositar en la cuenta No. 1496 780547 de Bancomer a nombre de María del Rosario Orozco Sánchez. Favor de enviar escaneada la ficha de pago al mismo correo.
* La ubicación del Centro Cultural Mixcoacalli es Contreras Medellín 276, zona centro. GDL
**La ubicación de la Librería El Aguaje es López Cotilla 854, zona centro. GDL.
*** La propuesta para la antología de textos va en documento anexo a esta convocatoria. Inscripciones e informes: redderevistas@gmail.com
Con la finalidad de conformar un documento histórico sobre la producción literaria que difundimos en nuestras publicaciones, así como lograr la conformación de una referencia de la producción literaria nacional y en el marco de las III Jornadas
La Red de Revistas LiterariasConvoca:
A la Compilación de publicaciones literarias a realizarse en 2010Con las siguientes bases:
1. Compilación de cuentos y poesías editados durante 2008 y 2009 en las revistas participantes.
2. Las revistas que se integren en esta compilación propondrán sus textos seleccionados a incluirse en el libro a publicarse en 2010.
3. La compilación, edición, promoción y distribución estará a cargo de las revistas participantes.
4. Los recursos necesarios para la edición serán aportados por las revistas participantes y/o posibles patrocinadores.
5. Dichos recursos se aportaran por partes iguales por revista teniendo cada publicación hasta un máximo de 10 páginas.
6. El mínimo de revistas participantes para la realización de esta compilación deberá ser de 20, mismas que deben ser de distintas poblaciones.
7. Las revistas participantes deberán haber tenido circulación en 2008 y 2009.
8. Cada editor de revista seleccionará los autores que a su juicio considere pertinentes para esta publicación. Se considerará una página para la descripción del perfil de la revista que propone cada grupo de escritores a publicarse.
9. Los libros a conformarse con estos materiales se pretende que sean de máximo 100 páginas, en el caso de 20 revistas conjuntadas serían dos tomos.
10. Los aspectos no considerados en esta convocatoria serán resueltos por el comité organizador.
El ejercicio poético, por su naturaleza escurridiza, requiere silencios, pausas o, en ocasiones emergentes, el abandono. En este libro, Mario Z Puglisi decide hacer una escala y recapitular diez años de quehacer con la palabra. La selección viene con el título de quien reconoce su capacidad de asombro: El impulso de tocarlo todo. El poeta vive con ese impulso, tiene el afán de asombrarse en todo lo que palpa y de reinventar lo existente. Sabe que el mundo no es mientras no ha sido tocado y, una vez que se toca, parece no ser lo que es. Este principio de ambigüedad es la materia prima con la cual se formulan los parajes de la poesía. Tiene por objeto reblandecer los sentidos y colocar la subjetividad del mundo en primer plano. El impulso de tocarlo todo es una ráfaga. Le favorece haber sido escrita en el paisaje benévolo de la ribera de Chapala y en la mano de un autor que procura recolectar cuanto sea posible, reunirlo en la pluma y lanzarlo como petardo. Entre más pronto se suelte lo obtenido más cosas seguirán obteniéndose, incluyendo lo que se ha dejado al margen, como señala el autor: “Soy la suma de los desertado.” De un tiempo a la fecha, medio país dice ser poeta. Los versos se han reducido y endurecido, se leen en clave morse y deben acompañarse de forzadas pausas dramáticas para simular una sustancia poética inexistente en hartos casos. Mario Z Puglisi es aventurero y opta por lo contrario: procura la retórica, el discurso de largo aliento y sus corrientes peligrosas. Este oficio, al cual se enfrentaron poetas como José Carlos Becerra o José Gorostiza, requiere disciplina y cuidados de gatillero. Como Mario, hay que saber disparar disparar disparar y en el momento preciso punto
Prólogo a El impulso de Tocarlo todo, Mario Z. Puglisi, Ediciones El viaje, Guadalajara, 2009.
En la nueva generación de revistas tapatías destaca Fedra, un proyecto de aliento fresco dirigido por Federico Jiménez y secundado por jóvenes escritores preocupados por las directrices de la literatura, específicamente en la poesía y en la narrativa breve. Se trata de un espacio para voces nuevas y nuevos lectores, que anda de mano en mano y es buscado cada día por más fieles, sobre todo estudiantes de letras, público de eventos culturales y coleccionistas. “Estas páginas recogen un sembradío imaginario de nuestro presente”, dice una de sus editoriales, con la seguridad de que ese sembradío tendrá, en el futuro de la literatura, alguna buena cosecha. Su periodicidad es bimestral a pesar de las contingencias económicas. Hasta la fecha se han editado diez números temáticos, entre los que destacan “Diversos insomnios”, “La locura a escena”. “Tertulias de alcohol y letras”, “Sed de mal” y “La noche”, con la obra de escritores reconocidos y de aquellos en vías de consolidación. El quehacer de la revista temática es alentar el oficio y el compromiso por ennoblecer la palabra, por eso se hace una convocatoria previa con el tema propuesto, en búsqueda de textos preferentemente inéditos y con espíritu novedoso. Como todo nacimiento de un proyecto independiente, el formato de Fedra es económico. Las portadas son impresas y los interiores fotocopias. Debido a que los recursos son escasos o de lenta recuperación, algunos números se han distribuido primero vía Internet y luego aparece la versión documental. Este mecanismo permite, además, llegar a un mayor número de lectores, incluso en el extranjero, lo cual ha traído consigo la participación de escritores como los españoles Adriana Bañares o Christian Supiot. Al entusiasmo con el que trabajan Federico y sus amigos seguramente habrán de sumarse nuevos talentos, pues los pasos de Fedra van por un sendero consistente y sin los pedregales de la cultura oficial.
Con las adversidades que inundan el mundo editorial en estos momentos, por fin estamos afianzando el proyecto Ediciones Papalotzi, pues se han editado cinco libros y uno que trae la cigüeña. Mi libro reciente, La tentación, tardó tiempo en salir, pero viene ya con el sello de la casa. Desde hace dos años se cocía a fuego lento. El vampiro del Andador Constitución sería el último de los cuentos en escribir. Lo tuve en la congeladora y hasta hace unos meses lo saqué para darle su manita de gato. Para el tiempo que esperó, su manufactura no es mejor a la de otros. Es más, alcancé a escribir dos cuentos más (Roger y Salpicar al cielo) y a retirar de la selección unos tres. La portada es de Scott Neri. Desde que vi la imagen me pareció ad hoc para el libro y sus tentaciones. Apareció también Chapala y el beso soñado, de Beropa. Por obviedad no comentaré mucho de este libro. Se trata de una serie de cuentos relacionados, como lo dice el título, con algunas experiencias en la ribera, ajenas, propias y a veces autobiográficas. Los cuentos de Bero tienen una doble naturaleza: la aparente ingenuidad y los mórbidos monstruos que aguardan detrás, como un mister Hayden. La inocencia de los personajes y la atmósfera aparentemente rosada que los rodea se vuelven contra ellos. Terminan por proyectar trágicas experiencias de su condición humana. Ya se presentaron ambos títulos en el Festival Cultural “Agustín Yañez” de Yahualica, a invitación de Juan Frajoza, y en el Festival de las Artes de San Juan Cosalá, sitios donde conocimos a personajes como el pintor Chaki y saludamos al errante Hugo Plascencia, a Marco Antonio Gabriel, al Compa Joven, a Betorock, etcétera. En esta lucha sin cuartel por reivindicar al libro ante la posmodernidad y sus chatarras, algunos amigos siguen publicando sus obras. Enumero, por ejemplo, El impulso de tocarlo todo, de Mario Z. Puglisi, Tripa de gato (en edición cartonera) de Sergio Fong, Variaciones y alas de la sin razón, de Rosario Orozco y Poemas a un Cyborg, de Blas Roldán. Apareció también la segunda edición de la novela La rueca y el paraíso, de Fernando Solana, publicada por Arlequín y el Culagos, y la plaqueta Tentativos sonidos del agua, del taller literario de Axixic.
Ediciones Papalotzi Acento Editores Y Centro Cultural Mixcoacalli
te invitan a la presentación de los libros
Chapala y el beso soñado de Berónica Palacios Rojas
y
La tentación de Dante Alejandro Velázquez
Jueves 4 de junio 20:00 horas Contreras Medellín 276
Entrada libre música y agua loca de honor
Berónica Palacios Rojas (Chapala, 1973) es licenciada en Letras Hispánicas. Autora de los poemarios Nostalgias (2003), Herencias (2003) y Corazón por fuera (2006). Antologada en Poesía de raíces mágicas (2004) Mujeres poetas en el país de las nubes (2006), Memoria del Relevo (2006), Cien Poetas del Mundo (2006) y Mapa poético de México (2008). Acuarelas suyas aparecen en Polvo de Luz, tseltal-español (2006). Fue cofundadora de la revista Antárica Literaria. Es fundadora y directora de la revista de creación cultural Papalotzi.
Dante Alejandro Velázquez (Lagos de Moreno, 1973) es arquitecto. Autor de Púrpura (2005), Lagos de Moreno (2007) y La ciudad del rosal (2008). Antologado en Poesía viva de Jalisco (2004), Memorias del Primer Congreso de Contracultura (2005), Anuario de poesía mexicana 2005, Mariposario, antología poética (2007) y Mapa poético de México (2008). En 2005 obtuvo el primer lugar en el Concurso de cuento “Cincuentenario de Pedro Páramo”. Ha editado Tinta nueva, Cuadernos del tlacuache, La araña patona y Baluarte.
Fotos y fragmento de Mario Z Puglisi: "El pasado viernes 3 de Abril, nos reunimos al rededor de la obra plástica de 8 amigos artistas de la ribera de Chapala en la galería Veitia de la Casa Nahual en Guadalajara. Participamos los poetas Berónica Palacios, Dante Alejandro Velázquez, Arturo Accio y yo. Tras la lectura y la exposición brindamos hasta... no sé bien, creo que ya había sol haciéndola de lámpara del mundo. Recuerdo como en pedazos, a Alexei Larios, Xilotl, Eduardo Xilonzóchil, uno de nuestros anfitriones y yo caminando por el centro de Guadalajara, con una botella de tequila de dudosa procedencia, un refresco Kas más caliente que el atole y una bolsa de frituras, a las 4 de la madrugada, buscando ya no recuerdo qué, salvo el placer de vagar por la anochecida perla tapatía. La ciudad desde luego no dormía, ni a esa hora, y pues el resto ya se irá resolviendo por sí solo".
Lo que hoy pueda decir de Hugo Gutiérrez Vega es eco. Sus setenta y cinco bien acurrucados años, se celebran desde el mes pasado, cuando Bellas Artes le rindió un homenaje con discursos de Carlos Monsiváis y Marco Antonio Campos, además de una ovación chilanga tras la lectura de su “Oda a Borola Tacuche de Burrón”.
En esta efervescente jornada circula su libro reciente, Esbozos y miradas del Bazar de Asombros, una reunión de artículos publicados semanalmente en La Jornada, sobre esta miscelánea llamada mundo y en la que hay escalas constantes a los primeros años y la formación.
Con el transcurso de los años, Hugo Gutiérrez Vega se ha convertido en el personaje capital de su propia obra, quizá por las múltiples ocupaciones donde lo ha colocado la vida y las cuales son requeridas a la hora de escribir: la diplomacia, la función pública, el periodismo, la promoción cultural, la vida universitaria, el teatro, la oratoria o, al igual que Sabines, como un simple peatón.
Setenta y cinco capítulos iniciados en aquellas noches de cine en Guadalajara, en las correrías por el rancho mirando las “borregas” y en las lecturas de un niño que recorría La Odisea como si fuera un western. Seguramente ya tenía vocación de Ulises.
Hace meses, después de una conferencia que dictó en la Universidad de Guadalajara, me dijo, “¿Ya no vives en Lagos? No hay qué dejar de ir a Lagos”. Él sabe que el viaje es circular, que habrá de volverse un día y que, literalmente, nunca se ha abandonado la casa de infancia.
“Sigo como maceta en el corredor”, ha dicho. Seguramente hay una variedad de macetas viajeras. Se dejan llenar de tierras extrañas, flores de otros continentes y follaje de acentos diversos. Esas macetas no dejan de rociarse en el agua de casa, por más cosmopilitas. Hugo es, entonces, una de ellas y se reconoce en los versos de Cavafis: Ten a Ítaca fija en tu mente / Llegar allí es tu vocación.
Lagos de Moreno, su Ítaca, aparece en rachas a lo largo de su obra. Es como el fantasma de la foto, se encima, hay que sacudirlo de vez en vez. Parafraseando a Sabines, “nos jala de las patas y hay que decirle no”
La Ítaca de entonces, los años treinta, se refrescaba con agua de la acequia y esperaba las tormentas de agosto tras los nubarrones de Comanja. El rancho era un cautivo de las noches silenciosas; por la calle empolvada iban y venían un errante boticario y rumores sobre gavillas cristeras. De ella escribió Hugo: La ciudad quedó sin alas, anclada en el valle, encerrada en su nostalgia de sombra.
Hoy la acequia es una cloaca y el narco toma por asalto las gasolineras. Los gobiernos no son ejemplares y las casas han sustituido la biblioteca por el Home Teather y la televisión. Es evidente que Hugo lo sabía al escribir: Soñar una ciudad y despertarse / viendo solo su ruina.
Aún así es de los esperanzados y lo ha manifestado: “Creo que el mundo sigue siendo hermoso. Cada día guarda una novedad inédita pero la prisa y el estruendo nos impiden mirar de frente la realidad diaria”.Supongo que Hugo prefiere ver en Lagos con los ojos de niño y maravillarse otra vez con las torres de la parroquia, descubrir como se le ha trepado la ciudad al Calvario.
Dice Marco Antonio Campos que la obra de Hugo está llena de referencias. Para un escritor en tránsito es inevitable. La maleta (o la maceta) de viaje ha sido, a la vez, recolectora de ciudades, de lecturas, paisajes diversos, personajes públicos y gente de ambientación. Hugo está en todos lados, lo mismo en las islas griegas que en Brasil, Londres, Querétaro, Lisboa, Lagos o Guadalajara. Está en los poetas españoles, en Césare Pavese, Yeats, López Velarde, González León, Rafael Alberti o José Carlos Becerra. En las maravillas del cine, en las tablas, en la Casa del Lago, en Soria y en la ventana de un departamento.
Y detrás de todos se guarda el poeta de los asombros, ese que le teme a la metáfora cuando no produce magia, así que prefiere escribir la literalidad poética del mundo, como una guía de viajes para poetas o un poema para viajeros. Se adhiere a la historicidad con lo que un librepensador puede hacer, sin arrebatos morales o panfletarios. Afortunadamente salió a tiempo de la actividad política.
La ruta de Hugo, por ser la de un pasmado andante y un fotógrafo de postales, ha sido honesta. Al igual que Moreno Oviedo “ha vencido la jornada” y vuelve al corredor. La maleta está plena y los ojos vienen desorbitados por encontrarle un asombro nuevo a este día.
Hace cinco años nos reunimos en Lagos de Moreno a celebrar los setenta, hoy los setenta y cinco, mañana los ochenta, después los infinitos años de un guía de turistas que escribe con el amor, aún en tiempos de capa caída:
Hoy he sentido un amor terrible, un poco deshabitado, tenuemente desesperanzado… un amor como esos de lluvia sobre el mar, con los perfiles desdibujados y la niebla apoderada del horizonte gris. Pero es un amor y por eso importe.
Álvaro Enrigue, uno de los escritores mexicanos de mayor proyección en nuestros días, publicó este año la novela Vidas perpendiculares, en la que el personaje central es Jerónimo, un niño que recuerda sus vidas pasadas. La novela plantea un entorno conservador que no “entiende” a Jerónimo, por ello procuró a Lagos de Moreno como escenario. “Yo creo que si vas a escribir un libro sobre doble moral, debería empezar en Lagos de Moreno siempre. Es la cuna de la doble moral mexicana", declaró hace unos días a El informador. Esta aseveración de Enrigue es penosa y habrá de encender a muchos laguenses iracundos, pero es certera y viene al caso ahora que circula en internet una cadena anónima en power point, atacando al doctor Roberto Castelán Rueda, rector del Centro Universitario de los Lagos, a quien se le señala de promover el vicio y actividades “inmorales”. A mi cuenta ha llegado por lo menos de diez contactos. Habrá quien considere esta carta como una defensa al doctor Castelán. La escribo más bien como una defensa a la inteligencia de los laguenses, a sabiendas que no todo en esta noble tierra es fundamentalismo, doble moralidad, cerrazón, sinarquismo y “buenas conductas”. Todo el escándalo se debe a una breve escena en el pasado Congreso Nacional de Contracultura, cuando Rocío Boliver, La congelada de uva, exhibió y manipuló sus genitales durante un performance en Casa Serrano. No puedo emitir un juicio en relación al performance, ya que no estuve presente, aunque considero que debió celebrarse en otro sitio, debido a la presencia de los “sensibles” que nunca faltan y que llegaron y permanecieron por voluntad propia. También creo que el Congreso de Contracultura debe reestructurarse, pues en los últimos años ha venido a menos y requiere la participación de voces alternativas a las que hasta hoy se han presentado. He visto a La congelada de uva un par de ocasiones, una de ellas en la célebre noche del Bar Lagos. Seré franco: no me espanta pero tampoco es de mi completo agrado. Es uno de esos personajes controversiales a quienes será necesario interpretar con paciencia. Lo que no saben quienes emitieron el famoso power point es que le acaban de dar la razón. Ella pretendía atizarles la lumbre. Ingenuos. La congelada se ha convertido sólo en un pretexto para linchar a Roberto Castelán Rueda (quien se ha destacado por promover actividades de extensión en la localidad, con eventos como el Seminario Internacional de Verano o el Otoño Cultural, en las que participan artistas, investigadores y académicos del estado y del país), cuyos detractores abundan, sobre todo en los salones del ayuntamiento y en grupos de ultraderecha. Es también un pretexto para encender el encono añejo entre un ala de la sociedad laguense y la Universidad de Guadalajara. La foto de La congelada va y viene por todo Lagos bajo la consigna de imagen pornográfica, generando “doctas” opiniones sobre la cultura, la pornografía y el quehacer de las instituciones públicas. Me parece extraño que todo mundo califique un evento artístico y que durante todo el año (o todos los años de su vida) no haya hecho una mínima reflexión, una reseña o un comentario acerca de una conferencia, una presentación editorial, una exposición plástica o una puesta en escena. Nadie comenta un libro o debate sobre las políticas públicas. Eso sí, todos somos una eminencia en box y futbol. A esto hay qué añadir las arrebatadas opiniones del diputado local, del propio Castelán y del presidente municipal, en un enfrentamiento que parece no tener fin. A esta discusión se han sumado también grupos intolerantes de la derecha que se levantan como portadores de la decencia y las “buenas costumbres”, emitiendo juicios y colgando mantas denostando al rector, cuando sabemos de qué madera estamos hechos los laguenses: personajes públicos o anónimos y “claros varones” que todos los fines de semana nos emborrachamos; algunos son generosamente corruptos y los domingos se santiguan en la parroquia del Refugio; otros le ponen el cuerno a su mujer (y visceversa); algunos son fieles al Flamingos o al Villa de Lobos; a otros les gustan las chicas malas de El troquero; hay también señoras decentes que engatusan muchachitos; otros establecen su antro con lo que les proporciona la administración pública; tambien hay matones, abusadores, drogos, tahúres, prostitutas, cleptómanos, lascivos, extorsionadores, pendencieros y exhibicionistas. Y conste que no estoy señalando a alguien en especial. Esta es una práctica común desde que llegaron los primeros españoles a esta tierra: una gavilla de personajes con reputación tambaleante, esclavistas y amancebados con indias tlaxcaltecas. Quien debe preocuparnos no es una performancera que expone su concepto del sexo, sino aquellos que lo cubren de tul y por la noche le dan alas negras, aquellos que arrojan la piedra y esconden la mano. Quienes comulgan y a la vuelta sacan el mazo. Afortunadamente, Lagos de Moreno es también una ciudad de limpias conciencias y personajes respetables. El contexto oscuro es materia para que se cultiven los librepensadores. Ante esa inercia conservadora debieron resistirse Pedro Moreno, Agustín Rivera, Mariano Azuela o Manuel González Serrano. Hoy, gente como Álvaro Delgado, es digna de reconocimiento. Este texto no lo escribo, como se pensará, enconado, sino con una profunda tristeza, al percatarme que en Lagos de Moreno los debates no tienen la palestra del diálogo y la inteligencia; circulan a base de cadenitas anónimas y chisme de lavadero. De oscurantismo, pues. El mensaje chantajista de los ejércitos morales, ese sentimentalismo aprendido en las aulas de Televisa y Provida, puede ser abatido con la educación, el conocimiento y el uso del intelecto. Mientras eso no suceda, Lagos seguirá, como lo sabe Álvaro Enrigue, en un hoyo de doble moral. Ya lo comenté arriba. Quien debe estar dichosa es La congelada de uva, pues obtuvo su propósito: hacer encabritar a más de un “decente”.
El orgullo de la ciencia es humilde comparado con el orgullo de la ignorancia Agustín Rivera
Hace un par de meses asistí al Comictlán: “La más grande convención de comics de la galaxia”. Esperaba ver los tradicionales frikies disfrazados de Batman o de Chubaca, pero en su lugar encontré una orda distinta: otakus, necos, lolitas y demás simpatizantes del anime y del manga. En los stands no se vendían La Familia Burrón, Kalimán, El bulbo, Asterix o Condorito, ni siquiera encontré un número de The Darkness, sino revistas japonesas, cosplay japonés y todo el ajuar de los personajes de Naruto. Fue, a mis ojos, un mapa de la uniformidad aplastante al servicio del mercado, que ha sabido cercar a grupos como estos y dotarlos de su alimento. ¿Dónde quedaron Supermán y el Capitán América? Han emigrado a otros cotos sociales, seguramente, como la contracultura ha ido desconociendo poco a poco a Burroughs, a Ginsberg y a Frank Zapa, que cada día son más bien objeto de culto para el Guggenheim y para las grandes casas editoras. A principios del siglo XXI, La contracultura no es un ejercicio privativo del arte, ni tiene apostolados. Ya no se sostiene con los paradigmas de los sesentas, del beatnik, del rastafari, de la psicodelia o de los alternativos noventas, pero tampoco tiene el rampante slogan de “las minorías”, si consideramos que las oligarquías y el Fondo Monetario Internacional son también minoría. La contracultura está en los anónimos y no en el personaje de escaparate. Está en el mara salvatrucha, el norte y el sur de las bandas angelinas, los “ocupas” catalanes, la comunidad lésbico-gay, las tribus urbanas, los colectivos de la periferia, las revistas independientes, los bloggeros y esa comunidad latente y por ratos absurda que se regocija con “el Canaca” y con un gordito que grita “yaa weeey”. Es la misma masa de anónimos que amputó la g del güey y le puso una w, recordándonos que después de todo vivimos sujetos al dominio anglo. La contracultura es en realidad una red de contraculturas que no tienen espacios de holgura suficiente y se han visto forzados a pulverizarse por canales domésticos: el Internet, la autopublicación, la toma de la calle, la autogestión, buscando canales distintos a los de los medios tradicionales, a fin de apersonarse frente a entidades aplastantes (como MTV, Televisa o el estado mismo) que monopolizan la estética juvenil y los criterios de convivencia. Podemos decir que las contraculturas son, en el mapa de la ciudad, una red de ratoneras, llámense comunidades web, colectivos, ONG’s o esfuerzos comunitarios. Cada uno, en su coto, eleva sus templos como aquellos anónimos constructores de catedrales góticas, aunque en diminutos territorios. Al igual que en la cultura institucionalizada, florecen campos de charlatanería de los que debe uno cuidarse. Recuerdo a Lucía Etxebarría, una poeta gallega a quien yo admiraba, que ahora se renta para Televisión Española y Antena 3 en entrevistas de supuesta irreverencia, pero que no son sino vanalidades. Tendré que volver mi culto a Avelino Pilongano, ese acampanado y florido vate (casi un emo) que nunca se prestó a becas y dádivas del FONCA, ni a los medios electrónicos y que vivió en completo agasajo de la flor y la palabra. Pensar que la contracultura se construye andando drogo por la galería de arte o tomándose una cerveza al tiempo que se leen poemas bukovskianos no es espectacular ni tiene el mínimo impacto, pues eso siempre se ha hecho en los círculos comunes de la cultura y del arte, desde los banquetes griegos a las bacanales posmo y de Bellas Artes o el Sojo a la más modesta casa de cultura rural. Son más bien actos institucionalizados por la intelectualidad en los que la contracultura sólo contribuye con el apelativo. Tampoco ser subterraneo es privativo de los marginados urbanos, de las grandes ciudades o de la posmodernidad. No tiene linderos ni tiempo. Cito el caso de siete personajes que en Lagos de Moreno tuvieron algún brochazo de contras: En el siglo XVI, cuando la villa de Lagos apenas se trazaba, habitó un poeta llamado Pedro de Trejo, quien, a juicio del Santo Oficio, escribió algunas coplas herejizantes y fue condenado a “no volver a escribir coplas” y a servir como soldado en las galeras del reino de España. Algo similar le sucedió al toledano Juan Bautista Corvera, minero de Comanja. Ambos fueron aplastados por el sistema de su tiempo y aún se desconoce cuando y donde murieron. Ya en el siglo XIX, el poeta Ruperto J. Aldana abandonó su carrera de medicina para entregarse por completo a las letras y al alcohol, motivo por el que terminó internado en el Hospital Civil de Guadalajara en calidad de indigente, donde falleció por congestión alcohólica. Él escribió aquella memorable arte poética que dice:
Yo voy con mano trémula el vuelo a levantar, color de rosa, que cubre el fondo ingente donde irradian los engendros del alma soñadora…
Por esos días, un grupo de profesionistas llamados “Los Farautes” se embriagaban, perseguían muchachas y hacían caricaturas, cuentos y farsas irreverentes. Con los años, uno de ellos tomó el fusil y otro se quedó en la pequeña ciudad a escribir poemas y doparse con las fórmulas de su botica. Uno se llamaba Mariano Azuela (nombre que, por cierto, le heredó a cierto odiosito magistrado) y el otro, Francisco González León. Un tercero, José Becerra, siguió entregado a los excesos hasta los años cuarentas. Sufría de ardor bohemio, coleccionaba gatos y gustaba lanzar comentarios floridos. Falleció en el Hospital Rafael Larios. Cuenta Alfonso de Alba que bajo su colchón encontraron restos de tamales que alguien le llevó de contrabando. Otro personaje, el pintor surrealista Manuel González Serrano, tuvo una vida atormentada por sus adicciones y su enfermedad mental que lo llevó varias veces al hospital siquiátrico. En una cantina de Lagos solía intercambiar bocetos y acuarelas por alcohol. “Yo he sufrido más que Cristo”, llegó a decir. Perteneció a una familia de “prosapia”, como les gusta a los laguenses, quienes se sienten muy aristocráticos y criollos. A González Serrano eso le importaba un cacahuate y tenía su zona de confort como oveja negra, aunque ahora que su obra es valuada en miles es el orgullo de la casa. Estos personajes, y los que se multiplicaron desde mediados del siglo XX, sobre todo por movimientos juveniles, tuvieron su periodo de marginalidad, de exclusión, de impotencia o de hastío. Es esta la condición de quien asume su papel en la resistencia al orden establecido y a los poderes fácticos Si la contracultura es una cultura de excepción, las circunstancias la obligan a tomar nuevos derroteros para abatir la inercia de los aparatos de poder y masificación. La contracultura debe ser subversiva en la praxis (esta palabra me recuerda a los gobernantes priístas de hace unos años), no en la retórica, pues el contestatario de panfleto se quiebra al menor aire. En la revista Papalotzi tuvimos hace meses una experiencia halagadora. Berónica Palacios, nuestra directora, impartió un curso a policías y funcionarios de la PGR. Logró hacerlos leer y ablandarse con algunos textos. Al final publicaron un libro colectivo llamado Las voces ocultas de un policía, el cual, por cierto, se agotó en cinco meses. Esto, a mi juicio, es un acto contracultural en estos tiempos de narcos, policías y charros, como en película de Orol. Quiero concluir mencionando un método infalible para vitalizar la contracultura. Y éste es, por paradójico que parezca, recuperar a los clásicos y la memoria digna de la humanidad, esos que ahora parecen azotarse ante los ventarrones del espectáculo fácil, la farándula y la globalización yeyé. Rastafaris, góticos, emos, punketos, rupestres, otakus, frikies, hippies, chicos cutter, alternativos e infrasukis podrán encontrarse con los paradigmas que la subversión necesita: un hamlet, una lolita, un raskolnikov, una maga, un jóven werther, un quijote, una antígona o un funes memorioso.
Sentimientos semidesnudos es el nuevo lanzamiento de Ediciones Papalotzi, a iniciativa de su directora, Berónica Palacios. Compendia el trabajo literario de estudiantes del sistema semiescolarizado en la Preparatoria 3 de la Universidad de Guadalajara. Voces que buscan un espacio en las letras.
Eslovaquia es un país joven, no mayor de veinte años, cuya historia está vinculada a las invasiones y a la resistencia. Su dimensión geográfica es menor a la de algunos estados de México, como Durango o Zacatecas, su población es la décima parte de la jalisciense y su idioma, el eslovaco, con dificultad se estudia o se lee fuera del centro de Europa, por no decir de sus fronteras. Salvo por casos como el de Iván Krasko, los poetas de ese país han permanecido al margen del reconocimiento mundial. A nuestros ojos, son distantes y extraños. Con la finalidad de acercar la literatura eslovaca a los lectores mexicanos, La Zonámbula edita este libro, compilación de Stanislava Chrobáková, con traducciones de Patricia de Gonzalo de Jesús, Alejandro Hermida de Blas y Diana Méndez Roja. El conjunto reúne obra de los poetas Mila Haugová, Carol Chmel, Iván Kolenič, Erik Jakub Groch, Marián Milčák, Stanislava Chrobáková Repar, Peter Šulej y Martín Solotruk, nacidos entre 1942 y 1970. Pertenecen a la llamada “Generación entre comillas”, caracterizada porque hace su aparición en los años ochentas, en el lapso que precede y procede al desquebrajamiento del régimen comunista. Ellos se consolidan, finalmente, como las voces representativas de su patria durante los años noventas. No vivieron la dureza del estado como su generación anterior ni tienen las facilidades mediáticas de la generación emergente en ésta década. En este libro encontrará el lector una muestra suficiente para reconocer los canales por los que circula la estética literaria de la actualidad eslovaca, así como la voz de poetas que se confrontaron a sus predecesores y han sembrado nuevas expectativas para la poesía, asumiendo un rol no sólo dentro del arte sino en la geografía social y política en la que les ha tocado vivir. Como señala Chrobáková en el texto introductorio: “Nos alegrará ofrecer a los lectores hispanohablantes interesados este (mitad triunfante, mitad olvidado) pasado de la literatura eslovaca, al igual que su futuro, que se intenta hacer un hueco en el mundo…”