29.8.06

A la violenta e injusta prosperidad




Francisco de Quevedo y Villegas








Ya llena de sí solo la litera
Matón, que apenas anteyer hacía
(flaco y magro malsín) sombra, y cabía,
sobrando sitio, en una ratonera.

Hoy, mal introducida con la esfera
su casa, al sol los pasos le desvía,
y es tropezón de estrellas; y algún día,
si fuera más capaz, pocilga fuera.

Cuando a todos pidió, le conocimos;
no nos conoce cuando a todos toma;
y hoy dejamos de ser lo que ayer dimos.

Sóbrale tanto cuanto falta a Roma;
y no nos puede ver, porque le vimos:
lo que fue esconde; lo que usurpa asoma.



23.8.06



Presentación en Casa Serrano de los libros Todo es Babel y Lámparas de Sueño. D.A., Jorge Souza, Hugo Plascencia y Leticia Cortés.

22.8.06

Lámparas de Sueño

Si me preguntan quién es Leticia Cortés, hay una respuesta definitiva: no lo sé. Estamos frente a una poeta que deja en velo sus circunstancias para que mejor podamos leerla con placer. Una poeta cuya palabra es el hilo de Ariadna en el laberinto inacabable de la poesía. Cuando uno tiene la costumbre de merodear los sitios y estancias donde habitan los poetas es muy probable llegar a toparse con alguno especial. A mí me ha sucedido con Leticia Cortés, a quien alguna vez leí en una antología, la encontré en la red, en el mundo de los blogs o en un boletín de la Secretaría de Cultura. Un poema de Leticia me llevó a otro, y ese a otro más, encadenando mi gusto por una autora cuyos textos son ese hilo que se sigue y no llega al cabo, ni espera llegar.
Ella pertenece a esta generación de poetas menores de treinta, como Antonio Marts, Bethsabé Ortega, Marco Antonio Gabriel, Beatriz Ortiz Wario, Hugo Plascencia o Fanny Enrigue, cuyas obras empiezan a cocinarse en Jalisco y se les ve en antologías, revistas e Internet. Lámparas de sueño, es una edición de autor que inaugura el trabajo individual de Leticia, quien tiene ya experiencia en obras colectivas y ediciones periódicas. Se compone de 23 poemas -tres de ellos prosa poética- sin divisiones capitulares, con una pintura de Carlos Larracilla en la portada.
Es Lámparas de sueño un recinto, el cascarón de una arquitectura que para unos puede llamarse mundo, para otros territorio o, para los menos, habitación. Para ser explícito, referiré aquel poema de Neruda sobre su “Sebastiana”, la casa que construyó en la costa de Valparaíso: “Ya no pensemos más: esta es la casa / ya todo lo que falta será azul”
El recinto de Lámparas de sueño es un mundo pasmoso, con tacto frágil donde todo parece recién inaugurado y recién inaugurado es el modo de percibirlo. Como la casa de Neruda, comienza a llenarse en la primera línea, aunque parezca que siempre ha estado pleno.
(Estoy revuelta
Petrificándome con el frío estoy)
Estamos inquietándonos
Porque embalsamamos la tierra
En nuestra áspera saliva.
Este recinto, a mi modo de ver, tiene tres residentes constantes y capitales para la estructura interior del poemario, los cuales cohabitan y se dejan manosear unos por otros.
El primer residente en Lámparas de sueño es la voz de un yo femenino (no feminista, por cierto) que participa del mundo desde su propio asombro y nos guía a través del libro. Ningún poema es de terceros, siempre es mío, con mis ojos y mi lengua, parecen decir Leticia Cortés o el mismo lector una vez que ha penetrado y se descubre en ese yo femenino. Desde el primer poema, Grito primero, se enuncia. Es su parto, pero también lo es de la palabra, de la voz que trama la poesía: “tengo qué hablar, / esconder mi rostro, / parir este dolor de haber nacido irreductiblemente asustada”.
Efectivamente, el yo establece su condición asustadiza y no se separará más de ella. Es un yo frágil, víctima de circunstancias que parecen a punto de romperse o de cerrar el poema con una contingencia. Es un estado límite en el que se anega, con frases como: “No me dejaré cortar esta vez por el otoño” o “Me fui muda / quedando vacía me fui”.
El segundo residente es aplastante y parece amotinarse poema tras poema. Yo le llamaría tristeza, aunque el yo es tan vulnerable que no puede llamarle de modo alguno. Es omnipresente, se sujeta a las calles o al árbol y mantiene el adolorido paisaje de los textos. Reduce la voz del poeta a su frágil condición. Cuando intenta ser ira es sólo queja y si pretende odio no podrá sino consentir y musitar. Dos ejemplos:
Pasa la vida como lluvia delirante.

Si la soledad fuera una danza
Si tan sólo fuera una danza

El tercero de los residentes aparece irremediablemente en la mayoría de los poemas. Es un tú, un alguien, otro que apenas asoma en la escena pero siempre es verbalizado; es a quien necesita el yo femenino para asirse y para sostener el poema en su deriva y salvarlo del mar picado en el que está, aunque ambos se hundan juntos. Es un tú permanente, una pareja amorosa, concebido como el objeto que atiza el mundo pasmoso y su tristeza:
No pretendo hacerme
amarilla de repente
como si el mar
fuera bilis derramándose en la cruz
¿Por qué sembrarte
me resulta tan amargo?
¿Por qué te miro
Y mis pies se ahuyentan del camino?
Estos tres residentes y el oficio de Leticia Cortés cocinaron Lámparas de Sueño, en el cual encontramos poemas certeros como Grito primero, Danza o Asentada raíz, que dice:
No quiero llevar prisa
Para silenciar mi estruendo.
Ni bajar los puños de repente.
No quiero estar esquina
Con la puerta reseca y los labios cerrados.
Mi cuerpo astilla temprano madrugadas.
Quisiera contar tu historia, quedarme muda.
Decir que nos gustaba morir todas las tardes.
Hay un halo cercano a Rosario Castellanos, a Sylvia Plath o a Adriana Díaz Enciso, de quien la autora es especialista. Sin embargo, esta voz es nueva, humedecida por una mujer joven. Dije en un principio: no sé quién es Leticia Cortés. No puedes conocer a alguien que te pasea por el laberinto y te abruma, como sucede en Lámparas de Sueño. Sin embargo, a diferencia de lo que pueda suceder en otras disciplinas, la poesía que abruma y te lleva a recintos de rareza fascinante es halagadora y hace de la palabra una experiencia y no sólo una lectura. En el caso de Leticia Cortés es una experiencia irrenunciable. Hay qué leerla.


*Autor: Leticia Cortés, Ediciones Cuadrivio, Guadalajara, 2006.

Púrpura

Leticia Cortés
Cuando Dante me invitó a presentar Púrpura sabía que sería un reto. La poesía, en cualquiera de sus manifestaciones, siempre representa un reto, sobretodo cuando sentimos que su fin último no se ha cumplido, sin embargo, la poesía de Dante en mí cumplió con el que considero es, el fin último de la palabra: permanecer. La primera vez que lo leí fue en esa antología que hicieron Dante Medina, Raúl Bañuelos y Jorge Souza: Poesía viva de Jalisco y desde entonces Dante ya figuraba en esa permanencia de la que hablo, y en la cual por versos de esta factura se ha consolidado como uno de los jóvenes poetas más prolíferos de Jalisco cito “Yo he dicho que la muerte asemeja el sitio donde amamos / por eso me quedo a temblar” fin de la cita con este verso, Dante no sólo nos recuerda que el color púrpura es la manifestación de lo mágico, y que nos revela la fe y la devoción, sino también la condición humana del poeta cuando se encuentra frente a la realidad que lo sujeta a un papel, concatenando dos instantes de la naturaleza a la que estamos condenados desde siempre, con un verbo que invoca a lo reflexivo siendo artífice de la comunión entre la muerte y el amor. Dante en Púrpura no sólo se ciñe a la poesía, también la vive, las palabras habitan en él. Su poesía se establece desde un Yo poético, desde un lenguaje cotidiano que lo hace universal y en esa transparencia de lenguaje encontramos una libertad de sonoridad, de ritmo, de cadencia. Dante sabe que la poesía es el resultado de un caos, de una inquietud en cualquiera de sus sentidos, porque la palabra viene cuando la perturbación llega. Cito: “Ir, venir, quedar. Si el tiempo estuviera en paz habría evitado este libro, pero - como las aguas de temporal - tiene turbulencia y es necesario ponerlo por ahí, que exista, aunque sea un poco” fin de la cita Desde esta advertencia se puede encontrar ese caos, esa inquietud en los verbos: “ir, venir, quedar” Púrpura nace de un estado de turbulencia anímico. Así, dividido en tres secciones “Yendo” “Quedando” y “Viniendo” encontramos un estado totalmente humano y en el cual se va hacia un punto en particular para después regresar al origen: como la vida misma.
La primera sección titulada “Yendo” está conformada por 11 textos en los cuales las imágenes evocan a la naturaleza cito “llueven la piel, solares manos” fin de la cita En esa misma naturaleza el sujeto poético busca una respuesta, un alguien que lo acompañe en sus noches. En la poesía de Dante el sol asimila el significado del tiempo. Cito “soy un deshojado cuando la tarde descuelga un pasajero de sombras que consume polvo” fin de la cita Lo que caracteriza a la poesía de Dante es esa transgresión de la palabra en la cual los poetas tienen un olor particular cito “Detesto lo que viene del aire porque huele a rosa, a Byron” fin de la cita Dante invoca poetas con aromas de su entorno, así el ensueño en su poesía es un acto plácido, en él encuentra un descanso aunque dentro del placer reposen alimañas que contrastan y en la contraposición de sus adjetivos, sustantivos y verbos, encontramos una nueva manera de nombrar la realidad. Lo que Dante hace en Púrpura es mostrarnos sucesos que se acercan y se alejan en la lobreguez. Sus poemas son instantes llenos de agua y, como menciona Bachelard, el agua es el estado más perfecto de la naturaleza por encontrarse en cualquier estado de la materia. Cito “Hay hombres, como este, que miran llover todavía” fin de la cita también encontramos una atemporalidad en sus poemas, instantes perpetuos en los que el sujeto poético se define cuando dice cito “yo conozco la ciudad y sus gatos turba que ronronea y eleva espectros al mediar la aguja” fin de la cita pero también encontramos lo opuesto como Dios y el Diablo. En sus palabras el Yo poético sabe a qué hora el mal merodea las calles y también lo vemos como un hombre. El Diablo, para Dante, puede ser cualquier humano que se expone a los riesgos de la vida sin ningún miedo.
En la segunda parte de Púrpura, “Quedando” encontramos a Dios de manera más directa. Quedar es no moverse, es permanecer. A diferencia de la primera parte de Púrpura, “Quedando” es una etapa más carnal. Y como Dante sabe que todo debe justificarse, en el poema Ópera Prima el sujeto poético justifica cada uno de sus actos. Cito “Por tu culpa y tu hermética mañana, por tus piernas en fuga, por que la luz persiste y porque víctima siempre soy. Por la escala creciente del infinito, por tus pechos de palacio maya, por tu boca abierta y vaporosa, por las marejadas del cobertor” fin de la cita. Es esta segunda parte de Púrpura el poeta advierte lo que no es en su existencia y advierte al lector que en ciertas horas besar es un peligro. También encontramos en Púrpura instantáneas de París con sus luces y sus calles, la temporalidad del otoño y la arquitectura. En “Quedando” figuran el amor y la carne cito “Dios libera su piel raíz / mientras los amantes, húmedos aún / se alejan del edén / tras el cobre encendido de la tarde”.
La tercera y última parte de Púrpura, Viniendo, se enfoca a la patria, a la escalera que parte del recuerdo de la abuela entendiendo la escalera como una misma representación de su libro, como un ir, venir y quedar. En La escalera encontramos esa rutina de la abuela al subir y bajarla siempre recorriéndola con su asma. La escalera representa la muerte, los ciclos que deben cerrarse. La casa siempre, otro de los poemas que conforman el libro, es el significado de la purificación espiritual. En Púrpura dominan los recuerdos y las pertenencias, fiestas religiosas como Nochebuena, Diciembre 24 y miércoles de ceniza cito “uno no vuelve / la tierra vuelve / se trepa / día a día nos va lapidando” Púrpura debe leerse sabiendo que se encontrará en él, el mundo que nosotros mismos percibimos, pero desde un ángulo poético, en el cual nos hará beber de una pepsi light que alude irónica y sarcásticamente al parafrasear la cultura Light que actualmente nos rodea. Lo que veremos en Púrpura es una confesión del autor a través del poeta, cito “Yo tenía un sube y baja rojo y azul / tan rápido como mi rabia / tan desigual en horas de suicidio. Mamá oprimía el extremo / donde las a veces picaban por las mañanas / justo ahí: en el asiento de mi amigo el muerto” En el vértigo de esta última parte de Púrpura leemos los acontecimientos diarios, lo sencillo que se transforma en permanencia y que a su vez trasciende, lo fácil que uno flaquea al sentir el silenciol. Para leer Púrpura hay que ser cómplices de lo que nosotros también vemos, sentimos, escuchamos, caminamos y comemos, porque la poesía de Dante está en todos lados, nos permite ensoñar y entrar a la realidad poética cuando sucede un relámpago. Su voz poética es un diccionario ambulante de realidades, en ella encontramos todos los acontecimientos del humano, transitan historias con las cuales todos podemos identificarnos. La fluidez de sus poemas, su vitalidad y su sencillez nos provocan un estado puro. Dante es, en palabras de Alberto Ruy Sánchez, un sonámbulo, un sonámbulo que está destinado a llenarse de fantasmas fugaces, y en esa fugacidad encuentra la palabra estable: lo permanente.

17.8.06



´Los esperamos este viernes 18 a las 20:30 horas en Casa Serrano.


Presentación de Púrpura en la capilla Elías nandino, con Leticia Cortés ( a quien agradezco su impulso) y Mauricio Ramírez. Ya en el brindis de deshonor: Beatriz Ortíz Wario, Pedro Goché y Hugo Plascencia. Paty Mata y Ricardo Sigala se movieron, así que no salieron en la foto.

6.8.06

Invitación

Les invito también este Martes 8 de agosto a la charla que sostendré con el tema "La ciudad y los escritores", con motivo del hermanamiento Lagos de Moreno-Sancti Spíritus, Cuba. La Cita es a las 19:00 horas en la Casa del Artesano, de Lagos de Moreno. Entrada gratuita.

1.8.06

Murciélago triste (fragmento)

I

El otoño hace pausa en el zaguán con torpeza de ciego
bufan las palmas
un cable
párpados arriba sisea el aire

hace tiempo no vienen aguaceros a descamar la madrugada
a llevarse este olor de pátina y gatos
a colgar de la cornisa un filo
una reja de cristal que nos deslumbre

me gustaba su murmullo de monje batiendo el tejabán
cuando éramos rapaces, sedientos
y teníamos alas de velero.

Hoy es antártica la hora: se alarga después del almuerzo
desprende trozos de cal, adobe, letanías en nuestro lomo
dice: quietos

Todo es pardo bajo el silencio que precede la hora de otros:
la no nuestra, sino del temblor
del sueño a la deriva de un plumero
resquebrajante

me acurruco a ti: somos estalactitas
cuando vine a la ciudad el amanecer.



II

Alguien en casa escucha Radiohead y asoma sus ojos por la tronera
es el insomne que llega como un bicho al polvo
fantasma sin rostro / acostumbrado a espiar
y a seducir con una copa la copa de estrellas

la música agranda el follaje del naranjo
en mi aguda espuma están sus dedos graves
un deambulatorio que sube y baja este santuario

Un ratón se acerca / ya quisiera mi tiara
y los bemoles donde se enuncia nuestro refugio

los murciélagos estamos hechos de uvés y pequeña pelambre
somos el filo, la oscuridad puntiaguda
vVv vVv vVv
revés con la soledad a cuestas / pelones ojos

Aún así amamos la ebriedad del sonido
las notas donde se baña el hombre de la casa
y el vino que destila su queja.


III

la tristeza es quieta
bálsamo que aleja mosquitos
línea en el ocaso
lavanda herida de un pirú
liturgia de los sin mar
argumento llano

hay un muerto a mi espalda
sudor y naftalina / carraspeos de pedregal
¿hay luz para mirar el mundo con ojos ciegos?

la tristeza es quieta y es mía
todo aleja la tristeza.

25.5.06

Enrique Norten

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El primero de mayo se anunció que Enrique Norten fue seleccionado como finalista del concurso “Zona Cero”, para el diseño y construcción de un centro cultural en el sitio que anteriormente ocuparon las torres gemelas de Nueva York.

Hace un año, le entregaron el Leonardo Da Vinci World Award of Arts y ganó el concurso internacional para realizar el proyecto del Museo Guggenheim en Guadalajara, una torre translúcida que romperá el horizonte trunco de la Calzada Independencia y concederá una nueva postal a la Barranca de Huentitán. Esta fue una de las noticias más difundidas de la arquitectura mundial, por la relevancia del proyecto y porque las obras anteriores de la fundación (el museo de Frank Lloyd Wright en Nueva York y el de Ghery en Bilbao) han constituido un referente en el desarrollo de la arquitectura.

Enrique Norten (Ciudad de México, 1954) pertenece a esa generación de arquitectos finiseculares (mejor dicho: fronterizos) como la catalana Carmen Pinó, el francés Jean Nouvel, o los norteamericanos Billie Tsien, cuya obra aparece con renovado lenguaje y un discurso de proyección universal, asumiendo el compromiso de la tecnología en el arte y la recuperación de la convivencia entre el hombre y el medio ambiente. No buscan el preciosismo, sino la eficacia del lenguaje espacial y el uso de alternativas formales en las estructuras y en la cinética urbana.

En 1985, Enrique Norten fundó TEN Aquitectos, taller con sedes en México y en Nueva York, en el que ha desarrollado su obra. Destacan la Casa O (1991), los Comedores Televisa (1993), La casa LE (1995), la Casa RR (1997), el Hotel Habita (2000), La Escuela Nacional de Teatro, el estacionamiento de la Princeton University (2000) y la Casa C (2004). Actualmente construye el Visual and Performing Arts Library, en Brooklin, y el Hotel Budapest, en la capital húngara, entre otras obras.

Además, Norten fue invitado para participar en el desarrollo JVC de Guadalajara, junto con otros arquitectos reconocidos (entre ellos el González de León), y fue jurado del Memorial del 11S en Nueva York. Se ha dedicado también al quehacer académico en distintas universidades y es fundador y miembro del consejo editorial de la revista Arquitectura.

En México, la arquitectura inmediata a Luis Barragán -con Legorreta, Agustín Hernández, González de León, Zohn o Serrano- se había endurecido a fines de los ochentas y, en algunos casos, petrificado; además, el creciente influjo de la arquitectura como un producto comercial, así como la especulación del suelo, agobiaba el desarrollo de nuevas tendencias de diseño, anclando el espectro imaginativo en la tradición, pero dejando de lado el hilo conductor de una reinterpretación “arquitectónicamente novedosa y necesaria” en el país.


Estas condiciones terminaron por darle paso a esta nueva generación de arquitectos (y Norten a la cabeza) de voz quieta y transparencia espacial, en contraposición al violento posmodernismo -que a ningún lugar ha llevado- y del high-tech, engrandecido por el mercado norteamericano y la industria del acero.

Manuel Larrosa definió la arquitectura posmoderna como “la huida hacia la mera apariencia”. Enrique Norten es uno de los arquitectos que ahora huyen de esa apariencia y establecen el discurso del diseñador y humanista, por encima del megalómano “creador”. De hecho, considera que el arquitecto “no es artista”, sino el profesional responsable de un diseño integral derivado de necesidades concretas y cotidianas. Con él se ha roto el prisma simple del racionalismo o el amaneramiento del tardomoderno; se relaja la arquitectura y cambia el rigor espacial por el ambient; se suavizan la luz y el color; se diluyen los muros en pantallas y retrocede el funcionalismo como sujeto inquisidor de las formas.

Ahora Norten se encuentra en los cuernos de la luna, como hace diez años lo estaba Legorreta, pues es el arquitecto mexicano de mayor proyección. Es un buen momento para agendar otro rumbo en nuestra quieta arquitectura.



11.5.06

El mundo (II)

Ayer fuimos al río / eran esponja las nubes
y el radio decía cómo se hace futbol un domingo

Sué brincó el hilo de fango
hizo trenzas de la hierba
y se acodó a leer con sus mosquitos

Era distinta -dijo alguien-
el agua de mis tiempos
bañaba la piedra del puente
y hacía remolinos la poceta

Para Sué hay un río, nubes de esponja
el poemario de Eluard/ y nada más

Los ríos / dice / son socios del suspiro:
nunca terminan de irse y decir etcétera

y si se van
les queda una cicatriz
que todos los veranos espejea.

30.4.06

Testigo

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Sitio al vientre de la noche que cae
luz a cuestas
parteaguas en nombre del cielo

Aquí, bajo el diorama, las creaturas
no tenemos manecilla ni arena

Es suficiente el claro del día
su marcha va a pausas como el preso de Reading
se deshoja en los pliegues
no por que un hombre lo violente con su voz
o por el canto del ave

Se encaja, como asceta, la sombra en su sombra
y viene la tiniebla
en amorosa cuna.

7.4.06

Nicole Kidman viene de regalo

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Chale. Me tiembla todo. Nicole Kidman es hoy mi actriz favorita, como alguna vez lo han sido Winona Ryder, Cecilia Roth, Caterine Denueve o Dolores del Río. Acá entre nos, de todas me parece la de nariz mejor y ojos mejores; la de cejas mejores y mejores pechos; la de mejor cuerpo y mejores labios, aunque le falte color a sus piernas (sólo color) y haya sido mujer del Tom ese que tanto le gusta a Carolina. Winona es un malvavisco, sí, pero es cleptomanísima como la tenista aquella, también muy piernudita ¿cómo se llamaba?... ah, sí, Jennifer Capriatti.

No esperaba tanto de Maizoro. Entré al supermercado por un desodorante y una coca, pensando dedicarle el domingo a un six de tecates, dos partidos de futbol, Deportv y una pizza de champiñones y chile morrón. Seguramente Carolina iba a salir con que fuéramos al cine o al centro comercial. Que se vaya sola, chingao ¿A poco nació acompañada? Cada semana es lo mismo. Si tantas ganas tiene de salir que se vaya con sus amigas las alcahuetas esas, Verónica y Paty, que se la pasan de un centro comercial a otro gastando el dinero de los maridos. Para eso si son muy buenas ¿no? En lugar de ponerse a trabajar, pues ni ricas son, nada más un fraude. Bueno, la Verónica está potable y eso la salva. Pero la otra.

En fin, estaba agendando el domingo de relax cuando miré la foto en la caja de Maizoro y pensé “ahí está mi novia Nicole”. Otros habrán pensado lo mismo, ya sé, pero uno sabrá con quién sueña, aunque sea una dama compartida ¿no? Total. Vi que la caja tenía el letrerito
¡Nicole Kidman
viene de regalo!

y como era la última de estante me la traje a casa. La abrí en la recámara –no fuera a llegar la metiche de Carolina- esperando encontrar mi Nicolita de plástico, muy al estilo Barbie y guiñándome un ojo. Nada. Vacié las ojuelas en la cama y las revolví como sopa de dominó, pero no encontré el juguete, ni chispas de chocolate en forma de la Kidman, ni estampita, ni un retrato impreso en la cara interna del cartón. Chale, pensé, estos ya me hicieron güey. No tolero que las super-empresas se burlen del consumidor, así que agarré el teléfono y marqué el número de quejas para mentarles la madre. Cero, uno, ochocientos, bla, bla, bla…

Antes los laberintos eran como los parterres de un jardín o la casa de los espejos. Hoy no necesitas más que un conmutador, el cual te trae de allá para acá como pendejo. Marque “uno” si quiere que lo atienda una operadora; “dos” si quiere poner una queja; “tres” si desea hablar con el intendente; cuatro si su chingada madre. Es una lata. Cuando por fin pude hablar con una mujer (quien por cierto tenía la voz más acartonada que López Dóriga) y le expuse mi queja, resultó muy contundente y a una velocidad de tarabilla: Lo siento, señor, pero la empresa no ha realizado promoción alguna relacionada con el tema que usted menciona. Cualquier otra consulta le será atendida con todo gusto escribiendo a nuestro correo electrónico o a este mismo teléfono. Muchas gracias por su preferencia y buen día. Me quedé como la esposa de Lot. Eso no se vale.

Como no tengo necesidad de argüendes me fui a ver el partido. La verdad, no estuve a gusto. A cada rato me venía la imagen de Nicle Kidman y pensaba lo que sucedería si en lugar del Piojo López fuera yo delantero del América. Fácil tuviera viejas mejores que Carolina y quien sabe si hasta mi Nicolita al lado. Ya con lana todo es fácil. Eso de trabajar como contador público para un despacho de contadores donde los jefes ni contadores son, no me hace gracia, pero me aguanto, qué más. Si tuviera dinero ya estaría en otras órbitas y mandaría a la fregada la oficina.

Uno sueña, como si nada, con tener una mujer de esas. Ha de ser grueso, pues no sólo de cariñitos se vive. Necesitas un dineral para llevarlas al salón de belleza, al spa, al gimnasio o de compras. Se visten en boutiques en París, Londres y Nueva York, no en el tianguis de los martes. Un contador público mediocre jamás llegará a eso, chale. Me tendré qué conformar con Playboy o Interviú mientras la Lotería Nacional me favorece con un premio de unos diez millones.

Total. Estuve pensando en eso todo el rato como bue ocioso.

Hace un par de horas le dije a Carolina que se olvidara del cine y se pusiera a lavar o a sobarme los pies. La muy delicadita se enojó, aventó la puerta y hasta “macho” me dijo. Eso me da coraje. A mí ninguna pinche vieja me dice “Macho” y ella hasta se encabrita. Muy moderna ¿no? Para quitarme el coraje salí a la calle. Fui a Farmacias Guadalajara, a Seven Eleven, a Oxxo y dos o tres tiendas de abarrotes. No me la vas a creer, pero en ninguna encontré la promoción de Nicole Kidman. O se agotaron pronto los cereales o es mero espejismo mío. No me vaya a estar volviendo loco. Hasta le pregunté a una cajera del Oxxo:

- Oiga, seño ¿ya se acabaron los Maizoro en los que regalan Nicoles Kidmans?

Me miró arqueando la geta como Pedro Infante y luego dijo, con la dificultad que el chicle le causaba:

- Pues yo no enterada estoy de eso, pregúntele al gerente.

Por si las dudas fui con el gerente y me contestó peor que los demás “¿Nicol quee?”. De todos modos compre una caja, para no dejar pasar la curiosidad y en el camino vine hurgando dentro y echándome unas ojuelas a la boca. Chale, de verdad que no traía nada, ni el letrerito, sólo un juego para niños: Ayuda a Elotín a salir del laberinto del malvado Cuervohambreado.

Perdí un pedazote de la tarde dando vueltas de tienda en tienda, tratando de recuperar algo que nunca tuve, o por lo menos información al respecto. Esas tentaciones no se las deseo a nadie. Ya alguna vez estuve en el internet buscando fotografías de Nicolita desnuda. A parte de que se metió un virus cizañoso al disco duro, entregué con dos días de retraso un informe a mi jefe. Me puso una cajetiza. Por ahí tengo las fotos en un CD, a ver si luego las vemos ¿no?

En eso estaba, pensando lo tarado que soy y la manera de disculpar los berrinches de Carolina para invitarla a la función de las nueve, pues hoy proyectan El Zorro, con Antonio Banderas y Caterine Zeta Jones. Al llegar a casa, me intercepto ella, muy cara de palo, como siempre. No: más bien asustada. “Te esperan dentro, idiota”.

Cuando entré a la sala se me fue el cereal como un pedregal a la garganta. En el sofá estaba Nicole Kidman, de verdad, sonriéndome, con las piernas cruzadas a la Sharon Stone y un par de enormes maletas.

Me dijo: “hola, cariño”.

Chale ¿y ahora qué?

(Publicado en Mientras pasa la tarde, noviembre de 205. DAV)

No hay peor lucha que la que no se hace

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A Cien Caras


-“O sea que vas a volver a la lucha?”- preguntaba emocionado el Doctor Morales a Pedro Aguayo.

-¡No, solo voy a pelear una vez, para retirar a Cien Caras!- respondió El Perro Aguayo, con ojos de lumbre y respiración intermitente.

Era un viernes, como todos, en la Monumental Arena México, el 4 de febrero del 2005, para ser precisos. Los Hermanos Dinamita se enfrentaban al trío de técnicos conformado por el Hijo del Perro Aguayo, Pierrot de Puerto Rico y Pierrot Jr., ante un atiborrado gentillal de gente y dos edecanes sedientas de chiflidos.

Cien caras, Mascara año 2000 y Universo 2000, conocidos también como Carmelo, Chucho y Andrés, habían perdido la primera caída en un medruguete y se dieron el lujo de reincorporarse para vencer a los técnicos en la segunda. Parecía una lucha normalita, pero el plato fuerte estaba por venir.

Era la tercera caída. Carmelo y sus muchachos aplicaban sendas llaves al Hijo del Perro y volaban por la segunda cuerda contra un Pierrot Jr. malherido, o mejor dicho: bienherido. A unos cuantos apretones de llave y parafernalia todo hubiera terminado, pero, repentinamente, una figura cavernaria emergió de la penumbra, corriendo muy envalentonado, muy sabe cómo: era el Perro Aguayo, quien subió hilarante al cuadrilátero en afán de defender a su cachorro y repartir coscorrones al Capo de Capos y su estirpe.

Con esta ayudita extra, la pelea se volcó a favor de los técnicos, por lo que Apolo Dantés, otro que no tenía vela en el entierro, brincó del público para defender a los ganaderos de Lagos. También El Vampiro Canadiense trepó al Ring, haciéndole más gordo el favor a la dinastía Aguayo. Total: se montonearon unos a otros, como en una campal de la Liga Obrera o en un operativo policiaco en Tepito.

De acuerdo con un boletín del Consejo Mundial de Lucha Libre, los gladiadores “convirtieron a la arena en una sucursal del manicomio”. Se dieron con todo al más ortodoxo estilo callejero. Los técnicos fueron descalificados gracias a la redentora impertinencia del Perro, quien, para darle más sabor al caldo, tomó un micrófono (la verdad yo no supe en qué momento entraron los micrófonos en esta historia) y retó con toda la rabia del continente a Cien Caras:

-¡Mira, Carmelo, yo me he preparado todo este tiempo porque solo voy a regresar a luchar una vez!- dijo el can de Nochistlán, actualmente retirado del pancrasio-, ¡Y esa pelea es… para retirarte!-. El respetable, encendido aún por la irrupción canina, lo abucheó como nunca en su carrera, apoyando por completo a los rudos de rudos.

-¡No te tenemos miedo, ni a ti ni a tu hijo, Perro!- contestó Chucho desde ring side con otro micrófono (que tampoco sé de dónde sacó)

-¡Nosotros somos sus padres!- replicó Carmelo, seguido por un sonoro alarde de la muchedumbre.

Hasta el Doctor Morales -quien narraba para la televisión en una mesita- comentó “¡esto es un suceso histórico!”, refiriéndose a la lucha pretendida por el sabueso zacatecano. Y es que la rivalidad entre los Reyes y los Aguayo se hizo popular desde los años ochenta, llegando a arrebatarse títulos unos y otros, a cortarse la cabellera y mentársela de todos los modos posibles.

La cereza del pastel fue puesta por el Hijo del Perro, quien aprovechó el reto para sugerir cortarle la mata a los perdedores “!Pon fecha, Cien Caras!” Yo ya ni quise ver, mejor apagué la tele y busqué la máscara del Matemático que tenía guardada. Me habían convencido otra vez de amar la lucha libre, como se aman los teatros, los cines y el futbol.

Quizá cuando esta crónica vea la luz pública algunos de los protagonistas ya estén pelones o Carmelo esté jubilado del pancrasio; solo pretendo dejarlo en oído de ustedes, pues pasará un buen tiempo para que veamos una lucha con semejante candela. Afortunadamente hay luchadores con tan buen talento, capaces de mantener viva la tradición de las lucha libre en este país, el cuál aún tiene héroes, por lo menos en un ring.

31.1.06

Presentación de Púrpura

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De izquierda a derecha: Irma Esthela Guerra, Susana Rodríguez, Rocío Salas, Hugo René Ruiz Esparza y yo, el pasado 26 de enero

Por Susana Rodríguez de Alba

Me antepongo como pretexto dado, el mismo que el autor se permite, voy, vengo y me quedo con el buen sabor de boca que te deja el Púrpura cuando te cede como lector la oportunidad de adentrarte en la recóndita e incierta esencia de la poesía.
Fue una tarde de estas entre grises y lluviosas que Dante me invitó a presentar su libro, yo había hecho anteriormente análisis de textos y leía para mis adentros todo tipo de literatura que obviamente pasa por un proceso de análisis antes de la total asimilación, sin embargo presentar un libro, diseccionar un cuerpo con vida, que late, encontrar lo que lo hace único y atreverse a formular juicios sobre un estilo es un embarque arriesgado y emocionante.
Recibí Púrpura en mis manos y me dispuse a la manera en que Cristo nos enseña el perdón a leerlo setenta veces siete. Dante eligió para cada poema un teatro diferente, las imágenes que te evocan las palabras contenidas requieren de escenarios, personajes y diálogos muy distintos entre si. Aunque de fondo existe un hilo que los une, un estilo que se siente ya definido por el que su poesía transita sin problema alguno.
Antes de adentrarme en cada uno de los apartados en que Dante dividió su poemario me gustaría hacer algunas precisiones generales. El escritor parece adepto a esa simpleza que encierra complejidad, trae al papel elementos cotidianos que sólo descritos con la dulzura y delicadeza de un poeta pueden hacernos mover de nuestra silla y viajar. Dante ha estado en lugares que yo conozco, ha visto quizá a tu abuela sentada en el patio o será la novia de aquel, la de la boca enrojecida como ciruela, a la que se le antoja besar; finalmente puede ser todo lo contrario, el autor con su sensibilidad de artista ha vivido en estos escenarios que nos parecen familiares y propios y que al mismo tiempo no son nuestros porque están en el aire y sólo los elegidos pueden tocarlos y plasmarlos.
En algunos poemas existe un personaje omnipresente que esta sin estar, ve a los actores del poema como a través de una cámara de Gesell en la que sólo tiene oportunidad de observar y no de participar; en otros hay un ente principal que habla en primera persona y se involucra con los hechos narrados como el Señor Arquitecto pensé agitar mi mano desde la otra banqueta… puede ser el propio autor, quizá un intento por involucrar al lector… o será que Dante Alejandro busca con su poesía lectores machos a la manera en que Cortazar los exigió para sus textos.
Hay quien se pregunta para qué poetas, de qué sirven, con qué se comen… Dante lo dice: habita un cristal de húmedas palabras que Carmen llama poema. Agua que desborda, líquido que no se contiene aunque cierres las manos, humedad que toma la forma de quien la lee y vierte las imágenes que sean posibles.
En alguna ocasión, José Emilio Pacheco dijo que los textos dejan de ser propiedad del autor cuando se encuentran en manos del lector porque en ese momento, no sólo se establece una conexión cósmica entre ambos, sino que además el primero le transfiere la propiedad de las letras al segundo y con ellas en sus manos puede interpretarlas y sobre todo vibrarlas, en el proceso de creación queda cerrado el ciclo que le dio vida, en este caso particular a la poesía.
Una vez que leí el libro la primera vez tuve la necesidad de repasarlo un par de veces más, en silencio, en voz alta y repitiendo varias veces una sola línea… los paisajes del pueblo y la ciudad me hicieron llegar a la Gloria en un día de enero. En las líneas que escribe Dante se ve el trabajo que hay detrás de Púrpura y no me refiero solamente a los cambios que pudieron vivir los poemas que conforman esta publicación, sino más bien a la formación literaria que tiene ya el autor como base para permitirse sin estridencias romper los cánones establecidos del Me gustas cuando callas porque estas como ausente. Como poeta tiene ya su propio estilo, una forma de narrar. Hace uso de diferentes figuras retóricas sin excesos, es decir la medida de su poesía viene dada en los temas que aborda y la forma en que lo hace. Y con esto no pretendo decir que sus poemas sean cortos, superficiales o que no tengan el valor de desafiar a quien los lee, sino todo lo contrario… a eso me refería cuando hablaba de simplicidad compleja… sus poemas son una fusión equilibrada entre lo cotidiano y la mirada sensible del artista.
Púrpura se divide en Yendo, Quedando y Viniendo, un proceso que mezcla lo móvil, con lo inmóvil. Los poemas que están en la primera parte, Yendo, están en constante movimiento, los personajes principales son: el diablo, la sombra, una lámpara que cedió a las tinieblas, la soledad y los gatos. Un él, desde lo más profundo de su propio ser percibe a su alrededor elementos y circunstancias por los que transita y nos invita a recorrer. Hay muchos días grises, de lluvia, con luna, sin que por esto la expresión de los textos sea triste, suena más bien a quien reconoce, como los gatos, los elementos de la oscuridad sin necesidad de encender una luz. La apertura del ciclo comienza con un recorrido por los lugares comunes, Púrpura nos muestra sus preferencias, sus gustos, lo que la rodea.
Quedando, es un remanso de palabras e imágenes, la segunda parte comienza hablando de dos, aparece en la escena una segunda persona con la que el parlante manifiesto y omnipresente intercambia ideas, besos, caminos, negaciones. Lo mismo habla del amor apasionado en la hora del comercio, con dos cervezas y un tumulto de golpes cristalinos que del beso de amor que enciende los buenos días. Ambos son amor, cada uno en su versión. En esta segunda parte hay un poema que por demás me llamo la atención, se hace llamar Chata y tiene mucho que ver con el contexto al que nos remite el puro nombre. Mientras los demás poemas guardan un uso del lenguaje muy propio y te remiten a parajes “formales”, Chata te lleva a una fiesta donde se puede encontrar una chica adolescente, en una fiesta, con un atuendo multicolor y de la cual quien suscribe parece profundamente enamorado sin que ella siquiera lo sepa, haciendo esta referencia recordé el video de la canción Eres de Café Tacaba, sin que por esto quiera yo hacer una comparación. Pudiera seguir la descripción del poema, pero más vale que ustedes como yo se enganchen del texto y se permitan encontrar cuanta cantidad de imágenes les traiga a la cabeza.
Viniendo, es una serie de recuerdos constantes que se traen a la cabeza, la intención vuelve nuevamente al que parece ser el personaje de la primera parte y que al mismo tiempo no es el mismo haciendo referencia al concepto de devenir que tiene Heráclito de Éfeso cuando afirma que “no podemos bañarnos dos veces en el mismo río” porque el agua no es la misma y nosotros no somos los mismos. Viniendo, habla de festividades, tradiciones, Noche Buena, el Miércoles de Ceniza, un domingo 78 y un sábado que no se arrenda a séptimos días. Por una parte la tierra nos lapida y al mismo tiempo el reloj disimula que lo perpetúa todo.
Todos tuvimos una abuela, debo reconocer que a mi en lo particular estos poemas me hicieron recordar mucho a la mía (y no me refiero a la misma de la habla Paquita La del Barrio) me refiero a mi abuela, la vieja que en muchos casos llega a ser el alma de la casa porque su presencia es más que un físico hecho pasita.
Esto es el libro de Dante, esto es lo que yo pude vibrar con Púrpura. Existen argumentos alternos a estos que yo les acabo de comentar, míos y de aquellos que han tenido la oportunidad de leer este texto. En general el contenido del libro me parece que tiene una calidad muy aceptable, habrá cosas que quizá Dante para este momento sienta que están superadas, sin embargo creo yo que es un poemario bien logrado y que además las publicaciones permiten a los escritores un sinnúmero de sensaciones y experiencias que sólo a través de estas actividades pueden lograrse y que de las artes, la literatura es de las que lo permite con mayor claridad. Felicidades Dante, muchas gracias por invitarme a presentar tu libro y espero que mis juicios hayan sido reflejo de lo que tu poesía logro hacer con mi alma al momento en que leía sus líneas.

23.1.06

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Este jueves, se presenta Púrpura en Lagos de Moreno. A ver si se dan una vuelta y, de paso, se llevan el poemario.
También los espero en la mesa redonda que se llevará a cabo con motivo del primer aniversario de Mientras pasa la Tarde, que dirige José Miguel Becerra, el viernes a las ocho de la noche, también en Casa Serrano.

13.1.06

alas

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Entre el paladar y la sangre
beso mártir
vas descombrando mis latitudes:

pulsos de amor
trozos de vida
alas de muerte.

6.1.06

temblor

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Hay días en los que el viento no responde
Se aquieta en las cuencas del patio
en el follaje
puede anidar, si quiere, como un tordo
como un desvencijado lenguaraz
que me duele desde hace tiempo

El viento tiene unos ojos de miedo
y un lagrimal dispuesto para nosotros, los caídos
los de la media luz y el temblor sin sentido

Hay días, como hoy, para guardarme
y esperar un relámpago
algún escalofrío con el cuál sacudir esta penumbra
si este viento no deja de mirar así.

5.1.06

Bebe

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Pensé que el 2005 terminaría sin algún grato añadido a mi gusto musical, pero este planeta redondo y gordote siempre tiene buenas nuevas. Pafuera telarañas, disco de Bebe, es mi mejor encuentro de esta temporada.

La escuché por vez primera en una emisora de Salamanca y me llamó la atención su voz agridulce y la letra descalza de sus canciones. Fue Bertha Alicia quien me comentó entonces el éxito que tiene actualmente en España. Bebe nació en valencia. Inició su carrera en un grupo de nombre Vanagloria y, posteriormente, en los círculos de cantautores solitarios. Pafuera telarañas es su primer disco, una fusión de flamenco, sonidos latinos y reggae, en el que involucra a otros músicos ibéricos en plenitud, como Tontxu y Luis Pastor.

Cuando alguien se lo propone puede hacer del pop algo bueno. Yo creo que Bebe es uno de esos casos. Como los olivos, la más vital de sus piezas, es una especie de rumba feliz, con guitarra, metales y scratch, que dice

sobre las caderas se mueve mi falda

con el tintineo de tu risa y tu jaleo,

y al volver la noche me tendrás mimada

bajo una luna de cenizas plateadas.

Hay otros temas recomendables de esta mujer -a veces dolorida y otras partidaria de la denuncia social- como el difundido Malo, Men señará (sic) o Revolvió. Buen inicio de año.

17.12.05

el mundo

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Sue mira el mundo desde la ventana
los campos de azul y pardo
el valle hendido en las copas
el crujir de un auto, la fuente entristecida del parque

esta hora, la misma de ayer,
mete su audacia en el mar de gente,
Sue la toma como un pretexto, una confitería
sin otro dueño que sus ojos

¿quién tiene el color para enlucir los días?
pregunta dejando un cristal en la persiana

tarde o temprano vendrá la amnesia
cerrará la tarde su párpado marino
este mundo y sus ventanas tendrán otra pupila
y el rostro de un pasajero en el peldaño
un niño que apenas descubre un hilo de luz
y lo bebe

es grande Sue cuando se aquieta en la ventana

son grandes los ojos cuando uno mira
caer el mundo como un trazo de Segal.

13.12.05

Púrpura

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Ya anda en la vía pública Púrpura, poemario de Dante Alejandro Velázquez (o sea yo) publicado por Ediciones El Quijote y la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana en Lagos de Moreno. Lo mejor que pueden hacer por mí es leerlo.

30.11.05

Mai neim

Vamos a ver. Me llamo Dante Alejandro Velázquez Limón, un nombre largo pero simétrico (5,9,9 y 5 letras), dividido en dos hemistiquios, uno de cinco sílabas y otro de seis, que juntos forman un verso endecasílabo, como queriendo ser muy “clásico”.
Agradezco a mis padres la dupla hacia la cuál me inclino como un admirador: el Dante Alighieri y el Alejandro Dumas, sin dejar de lado al Dante Gabriel Rosseti o al Alejandro Aura.
Con mis apellidos no hay mucho relajo, pues nunca ha sido mi anhelo tener blasones. Velázquez es un apellido normal, con parientes normales y ajenos al ajetreo social. De lo Limón llevo mi carácter agrio y enverdecido, así como un pariente de nombre Pánfilo Limón, lugarteniente de Martín Díaz, con quien se trepó a la Mesa Redonda durante la guerra cristera. De todos modos me declaro anti-cristero. Y qué.
En google puede uno encontrar un montón de dantes alejandros, por cierto muy feos. Dicen que anda por ahí, en Guadalajara, un poeta llamado Dante Alejandro, el cual despliega versos en los camiones urbanos en lugar de cantar tragos de amargo licooooor. A ver si un día de estos lo saludo, como ya saludé al otro, al hijo predilecto de Jilotlán y gran narrador, conocido en el mundo mundano como Dante Medina.
Quien nunca me ha apetecido como tocayo es aquel, el ex canciller de Argentina: Dante Caputo.

29.11.05

Bienvenida a López Obrador

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Andrés Manuel:
Quiero hablarte del paisaje donde nací: está tierra dura, desquebrajada, que año con año espera unas lluvias que sólo miran de reojo. Es una tierra que ha hecho duros también a sus hombres, a fuerza de arar una piel delgada y triste, bajo los sombreros de ala ancha y los matorrales de espina. Por algo llamó Agustín Yañez a los Altos de Jalisco “las tierras flacas”.

A nombre de los ciudadanos que hoy te acompañan, te ofrezco una grata estancia. Seguramente la tendrás, pues Lagos de Moreno lleva esa vocación desde que fue fundada, en 1563. Por eso construyó caminos a todos los vientos, mesones y estancias para el reposo de norteños, capitalinos, extranjeros o los que vienen del trópico como tú.

Lagos de Moreno no es la mejor ciudad de este mundo, pero es la única que poseemos y a la que hemos construido, golpe a golpe, lejos de Guadalajara y aún más (lejísimos) de la Capital de la República. Esta iglesia que ves fue levantada por una villa de solamente nueve mil habitantes, en el siglo XVIII. Todo lo hacemos por tercos y en la adversidad.

Hace casi dos siglos, un laguense, el licenciado Francisco Primo de Verdad y Ramos, proclamó la soberanía del pueblo mexicano ante la metrópoli española. No tenía escapatoria, pero era justo hacerlo. Pedro Moreno se levantó por la independencia cuando estaba casi sofocado el movimiento. Fue abatido y decapitado. Mariano Azuela fundó la novela revolucionaria atrincherado en la sierra, luego se exilió del país. Alfredo R. Plascencia, el poeta de Jalos, escribió sus mejores poemas desterrado por el arzobispado en un pueblo sin nombre. Manuel González Serrano pintó sus profundas tristezas en el manicomio. Hoy, nuestros hermanos cruzan la frontera porque Los Altos son tierra no prometida. Algunos no regresan más.

Como la tierra, somos duros, pero entrañables y productivos. Encendemos las mañanas con el arriero, se ordeña la vaca, levantan los albañiles pedazos de ciudad, y le damos a México nuestro producto. Deberás, Andrés Manuel, comer la tuna de Ojuelos, los quesos de Lagos y echarte al hombro un zarape de Teocaltiche. Deberás, digo, porque ya te estamos llamando. Deseamos compartir tu proyecto de nación, aún en la adversidad y con el yunque al cuello. Esta es una región donde ser librepensador y ejercer la libertad se goza más porque más fuertes son las cadenas. Nos estan dormidos campesinos, obreros, universitarios, profesionistas, amas de casa y alteños en los Estados Unidos.

Andrés Manuel, tu paisano Carlos Pellicer escribió: Trópico, para qué me diste las manos llenas de calor, todo lo que toque se convertirá en sol. Estoy seguro, que tú también vienes con las manos llenas de calor. En Lagos de Moreno y en todos los Altos de Jalisco, somos muchos los que te ofrecemos las nuestras para convertir este país, de una vez por todas, en sol. Bienvenido a casa.


6 de octubre de 2005

Fray Alejandro de Arce

El pasado 27 de noviembre se publicó en Tapatío Cultural, Suplemento del diario El Informador, el cuento Cálida muerte de Fray Alejandro de Arce, con el que obtuve el Primer Lugar del Concurso Estatal de Cuento "Cincuentenario de Pedro Páramo". Ya puedes leerlo en este espacio, en la lista de links. Los errores de edición son de El Informador.

23.11.05

Victoria Beckham y Dulcinea

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Victoria Beckham, esa especie de Barbie con etiqueta de Spice Girl, no ha leído un solo libro en su vida, ni siquiera su propia autobiografía. Ella lo dijo. Es entendible, pues –voy con Madonna- una chica material está programada para llenar las revistas del corazón, anuncios espectaculares y desfiles fashion, no para agregar neuronas a su cabecita de maniquí. Su función es meramente visual, aromática y de carnada con texturas gratas al consumidor.

Lo preocupante es el presidente de una república que aplaude a quien no lee periódicos, un funcionario al que le dan roña novelas inofensivas como Aura o un Suprema Corte de Justicia que condena las irreverencias verbales de un poeta provinciano. Con ese dulce panorama es difícil pensar en un país “de lectores” o, por lo menos, en un puñado de ellos. Tampoco podemos celebrar los cuatrocientos años de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha como lo merece Cervantes, leyéndolo, y no sólo con homenajes y lecturas rimbombantes.

¿Cómo leer el Quijote, si hasta Aura, una novela corta (¿o un cuento largo?) se nos complica en esta actualidad fragmentada? Quién sabe. Lo dice uno que, como Fox, aún no ha leído La Iliada ni La guerra y la paz, novelas de extensión considerable para holgazanes. La única posibilidad es agarrar el librote como se agarran los juguetes y pepenarse un rato lúdico media hora al día (lo mismo que duran Lente loco o Mujer, casos de la vida real). Las grandes obras se disfrutan así, de a poco y con los sentidos dispuestos. no con la fuerza acostumbrada por muchos maestros de literatura en secundaria y preparatoria, alérgicos a los libros.

El Quijote es una obra diversa, apta para monjas, carniceros, intelectuales, niños, lascivos, judiciales y amas de casa, sin problemas para entenderla y enamorarse de ella y de sus personajes. Está plena de catorrazos, enseñanzas, amoríos, elocuencia, artimañas, magia, pasiones y vagancia. O sea, lo que a todos nos gusta.

Conozco más de dos arrepentidos con el final de la telenovela Rubí. Nadie que haya leído el Quijote se ha arrepentido. Algunos hasta terminan como doctos caballeros en busca de una Dulcinea igual a Victoria Beckham. Después de todo, la Spice Girl es también pura ficción. Puro silicón, Loreal, Vanity Fair, gel y sesiones inacabables de spa.

Oficio de ser

Hace unos trece años apareció en Expresso de Jalisco una sección cultural llamada Ronroneos, con la finalidad de atacar el desamparo en el cual se encontraba el periodismo cultural de esta ciudad. Los responsables de la sección éramos Irma Guerra y yo, quienes, como jóvenes y mesías a los que nadie llamó, pretendíamos introducir al universo local temas “extrañísimos” (como el rock, Jaime Sabines, Federico Nietzche o el teatro del absurdo) y darle un chapuzón distinto al arte, arañando el mito de los hombres ilustres y publicando textos de jóvenes poetas e ilustradores cercanos a nuestra generación.

Como es de suponerse, y aún sucede en los medios laguenses, los ronroneos no pasaron de cinco ediciones y se volvieron polvo en la memoria de todo mundo. Al margen del entonces taller literario de la Casa de la cultura nos reuníamos eventualmente para charlar de poesía y porque ambos teníamos en ebullición un propósito común y silencioso: publicar un poemario.

Afortunadamente, la cordura estableció su gobierno: mantuvo guardados los poemas o los envió al cesto. No era momento de echar al vuelo textos de pobre calidad, aún lejanos al rigor literario y a la autocrítica. Habría que sumar experiencias y ejercer con seriedad el oficio de escribir.

De esa fecha a hoy, Irma Guerra trabajó como bibliotecaria y periodista, colaboró en otra malograda publicación de nombre Paralelo 21 (amparada en la Preparatoria Regional por Roberto Castellanos), ganó los Juegos Florales de Lagos, fue a vivir a la Ciudad de México, donde estudió la Licenciatura en Letras, y volvió a Lagos para integrarse a la Universidad de Guadalajara, su casa de trabajo actual.

Este tiempo ha sido basamento para construir Oficio de ser, poemario editado este año por el Centro Universitario de los Lagos, junto con los de José Miguel Becerra y Marco Vinicio Félix, miembros (los tres) el taller literario que coordina en Unión de San Antonio el escritor Fernando Solana.

Oficio de ser no es sólo el título del poemario, sino un ejercicio cotidiano de Irma Guerra, una mujer enamorada de los libros y el rancho, con quien puedes hundirte por horas si hay como piscina un pretexto literario. Es buena conversadora, dueña de la sobremesa y los oportunos chistes. El amor a su ciudad y el estudio de ella le ofrece certeza para seguirla amando. Levante la piedra quien ame tanto a Lagos como Irma Guerra. Recurre a Sor Juana o a León Felipe lo mismo que a los locales González León, Rosas Moreno y extraños como Fernando Nordesternut o Francisco García Diego.

Oficio de ser, este poemario que se postergó por una década, rehaciéndose precisamente en el oficio de ser de la autora, representa un esbozo inicial de lo que será en adelante la obra de Irma Guerra. Despliega una poética clara –no por eso llana- que husmea la frontera de la prosa, sin levantar los pies del territorio lírico. Desde niña te amé, mi Sor Juana, dice Irma sin recurrir a escondrijos literarios y adueñada de la décima musa: Mi Sor Juana.

Los versos establecen una confesión constante, siempre en primera persona y lanzando el anzuelo a la evocación o al anhelo.

Oficio de ser es un poemario de amor, aún en la renuncia del mismo. Amor a las cosas inmediatas, a la nostalgia y la intimidad del sujeto. Amor a la tierra y al despojo de la pareja. No hay aspavientos ni tormentas en el lenguaje, hay un despeñadero interior que en las palabras se va escondido. Paul Valéry describe mejor esta idea cuando dice: Esa voz hiriendo el aire apenas. No sé ustedes, pero el “herir apenas” ya es herir.

No quiero por el momento averiguarles la lectura de este libro. Sólo comparto con Fernando Solana la sugerencia de un fragmento con evidente penetración:

Ya no queda rastro de ti en la casa.
Se fueron tus zapatos,
La camisa que compraste aquella tarde,
el olor a loción de los cajones
y el suéter horrible que tejí para ti,

Quería quedarme con algún recuerdo
Pero con dolía tanto
Tiré todos los años compartidos

Sólo me quedé con tus hijos
.

Para llegar a Oficio de ser, Irma Guerra ha transitó una etapa de su vida con rotundos giros y no especuló la espera. Irma es mi amiga dolida de Lagos y ha escrito un poemario de amor, pues seguirá enamorada sin remedio: de este aire, de su ciudad y del oficio de existir.

4.10.05

Budapest (fragmento)

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Budapest es una manzana matemática dividida en Buda y Pest por un tajo del azulísimo Danubio. Buda es la parte montañosa y Pest la llanura. Buda es el poniente y Pest el oriente, por lo tanto Buda, al atardecer, se guarda el sol que Pest le ofrece en las mañanas. Buda no se asemeja a Pest. Buda es sórdida y cansada como sus lomos. Pest es lúcida, hiperactiva y no se anda con rodeos. Buda es sabia, Pest es fuego. Quien viene a Buda, descansa en Pest. Quien viene a Pest, cobija su piel en los brazos de Buda.

9.8.05

Pimitivo Serrano y los boquetes

Hace unas semanas, en su programa de radio, David Guerrero denunció la apertura de “sendos boquetes” en un inmueble del Centro Histórico de nuestra ciudad, así como un escalón de mármol dañado por alumnos del Colegio Pedro Moreno en el vestíbulo del teatro José Rosas Moreno, ante la impotencia del Director de Cultura del Ayuntamiento, Eduardo Mata, quien intentó en vano sancionar y hacer restituir el daño a la escurridiza escuela.

Del mismo modo, la señora Alicia Zamora ha denunciado el daño que día a día sufre la iglesia del Calvario y su entorno, debido a los rayones que a diestra y siniestra perpetúan amoríos en la balaustrada, o a los clavos que comerciantes (durante las fiestas de agosto) y actores de vía crucis dejan en la cantera.

Estas y otras acciones hormiga pululan últimamente, dejando rebasados al INAH y al Ayuntamiento, como si el poder de la “necedad” tuviera mejor argumento que las razones para la conservación del patrimonio.

El trabajo por generar decretos y reglamentos, implementar normas, aplicarlas y promover programas de estímulo a poseedores de inmuebles con valor patrimonial, parece no ser prioridad del gobierno y deja mal parados a todos los actores que durante años han trabajado en generar los instrumentos legales y técnicos convenientes para nuestra Zona de Monumentos Históricos.

También quedan mal parados los laguenses que fueron construyendo la ciudad, dándole una identidad y un rostro que al primer marrazo (léase “madrazo”) se viene abajo. Si esto sucedería en los Estados Unidos -país adorado por los destroyer y “amantes del progreso”- la ley sería implacable, pues en gringolandia se respeta con mayor consistencia el patrimonio, por muy “insignificante” que parezca.

Los laguenses edificaron una ciudad con dos características básicas: unidad y armonía, términos de arte aplicables en la arquitectura y el urbanismo, y que valdría la pena ampliar en otra ocasión. Uno de ellos fue Primitivo Serrano, un arquitecto cuya obra catapulta la arquitectura hacia el modernismo.

Primitivo Serrano vivió la segunda mitad del siglo XIX y fue un personaje activo de la sociedad. A las actividades propias de su hacienda (el Alto de Moya) sumó su labor de arquitecto y algunos periodos de función pública, ya fuese como presidente o regidor. Algunas crónicas señalan que estudió la carrera de ingeniería civil y es probable que en algún momento de su vida haya viajado a Europa, en donde conoció los conceptos de la arquitectura en voga que posteriormente aplicó en sus proyectos.

Entre sus obras destacan los proyectos para el teatro José Rosas Moreno, la Casa Serrano, la Casa del rey dormido, la Casa Montecristo, remodelaciones a las haciendas de Moya y Las Cajas, perteneciente esta última a su hermano Celso, de quien se cuentan terribles leyendas sobre su muerte. Intervino las fachadas de algunas casonas y colaboró en la introducción de infraestructura y equipamiento urbano.

Pertenece a esa serie de arquitectos iniciadores del modernismo en esta región, como Luis Long o Refugio Reyes, a quienes se debe gran parte de la imagen urbana de León, Guanajuato y Aguascalientes. La obra de Serrano es conocida por todos. Sin embargo, el arquitecto permanece en tinieblas –en la oscuridad plena- para historiadores, arquitectos y para el ciudadano común. No ha sido valorada su aportación al desarrollo de Lagos.

Mientras no conozcamos el origen de nuestra sociedad y las circunstancias que han permitido la arquitectura donde habitamos todos los días, habrá personas que sigan abriendo llagas a la ciudad y dañando la obra de ciudadanos certeros como Primitivo Serrano. David Guerrero tiene razón en no utilizar eufemismos. No podemos llamar “apertura de vano” a un sendo boquete.

9.6.05

La curva

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La constelación enternecida
suma cauces al abrir la noche
espionaje de plata que asume a la codicia
un cielo impalpable.

¿Yo qué soy bajo el pulpo de los años:
papeleta de un festín
ventisca?

No hay mundo asidero en este mundo
donde todo cabe y nada yace al pie
de la memoria

Ni la poesía eleva siluetas del grosor marino
se inhibe como una flama
desciende al tacto del ojo celeste:
sumisa por naturaleza

Cuando sea grande quiero ser el recto mar
donde sucumben estrellas
quebrar de golpe la curva
ser menos poeta, menos hombre de tierra
todo agua para ascender con el calor
y volver en las gélidas mañanas
prendido de un cristal.

6.5.05

Pecado Subirachs

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A ingres (1988), Subirachs

La piedra:
madura, florece
abre su pulso a golpe de viril filo
tajadura vegetal
llueven la piel solares manos
espasmo de polvos
crujir de tierra encinta

parábolas descienden, perfilan mareas
asumen el nombre que nace en la hiedra
metal y roca
filamentos bajo sol y baño de cristal

la piedra, blanca dermis, se deslumbra
al saberse nueva
ensangrentada.

22.4.05

Arquitectura y Erotismo

La arquitectura vive al servicio del ser humano, no únicamente por su carácter utilitario (abrigo, protección, intimidad, etcétera), sino como un catalizador, embaucador, alimento espiritual y registro del pensamiento social. Su respuesta a las necesidades históricas es permanente y su imprescindible afecto a la intimidad del hombre, la vuelve animada, un cuerpo con organismo propio y lecturas íntegras.
Es, según ésta última afirmación, un sujeto sensual, dispuesto al acto amatorio con el usuario y sus cinco sentidos. La única de las bellas artes en la que el receptor se encuentra físicamente dentro y se ablanda o endurece según el lenguaje del espacio.
Aunque no de manera explícita (salvo en casos relacionados con la ornamentación y las representaciones), la arquitectura guarda un vínculo con el erotismo mediante factores simbólicos y sensitivos, ya sea por medio de analogías, tratamientos o referencias mentales.
Por ejemplo, en el popular "Código Da Vinci", Dan Brown sugiere, entre otras cosas (algunas no me satisfacen), que los pórticos apuntados y abocinados de las catedrales góticas representan la hendidura femenina. Esta analogía engendra una doble simbiosis en la purificación al penetrar por ellas: la del alma (espiritual) y las terrenales (relación hombre-mujer). También Rainer María Rilke, en un poema titulado "El Rosetón", descubre ese vínculo entre el espacio arquitectónico y el erotismo. De acuerdo con el poeta, el acto amoroso subyace a otra relación objetiva: la del espacio y la espiritualidad del recinto poetizado:
…la mirada que, como aprisionada por el círculo
de un remolino, nada un rato aún
y luego se hunde y ya no sabe nada de sí misma;
cuando este ojo, que descansa en apariencia,
se abre y la sepulta en él con un bramido
y la rebata a su interior, hasta la roja sangre…

A diferencia de la escultura, su hermana la arquitectura posee los espacios del placer, las ataduras internas. Quizá por ello no sea, como lo señalé arriba, explícita. Y no lo es en cuanto a que comparte ese lenguaje arcano también el Erotismo. Se circunda, se concentra. Acontece en sus propias savias el proceso sensual. En sus transiciones lúdicas. En la escultura el vínculo erótico adquiere piel y se vitaliza en ella. Hay muchos ejemplos, como la "Dona y Ocell" de Joan Miró, en Barcelona, "El beso" de Rodín, las representaciones fálicas prehispánicas o los catálogos en piedra de la India.

El año pasado, el Colegio de arquitectos de Cataluña realizó la exposición titulada “Erotica Architectonica”, en la que planteaban: “la arquitectura es un arte erótico, puesto que su vivencia implica la totalidad de los sentidos humanos a la manera en que se produce el contacto con otro cuerpo”. Según los investigadores Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste, los expositores, ese contacto tiene cuatro líneas generadoras: la forma (el cuerpo), el ornamento (la piel), los espacios (estructuras de Eros y la psique erótica) y los territorios (espacios o jardines del placer).

Estas líneas, a mi parecer, pueden asirse en dos fases: la creadora, en la cual el arquitecto se encuentra sólo, en el proceso de “hacer la arquitectura”, duelo amoroso e incompartible, inmerso en el objeto arquitectónico, el restirador o la computadora; y la fase recreadora, que se goza una vez construido y habitado el espacio: la exploración sensual, la permanencia y el goce.

Hay múltiples ejemplos en este tema, incluídos palacios romanos y bizantinos, catedrales góticas, obras de Paladio, Barragán, Foster, Jacobsen, Rossi… En nuestra ciudad, la Rinconada de Capuchinas, obra de Salvador de Alba (que Carlos González Lobo define como “peradigmática”), es un caso pleno, anidado entre edificios amorosos y un perfecto conocimiento de la piel, las atmósferas y los tributos que el espacio puede ofrecer al acto erótico, y que ya antes había ofrecido a otro sensual llamado Francisco González León.

Qué rico tema ¿no?


5.4.05

Canto de Sirena

Gerardo, Claudia, todos: la soledad, esa parduzca
no merece andar la calle en alta hora

Se ha ungido el vino de mi alacena
y pretende llevarme a cuestas por bares donde ni amigos tengo

Tiene el pelambre de los árboles
el crujir de un volante no leído
la sal del mercado, hilos que silban en corredores
s s s s ss s ss sss ss ss s sss sss ssssss s

mala hora en que apostó su carcajada a mi hombro
súbita la muy muy
como esos golpes radiofónicos del cielo
¿será porque enfermo beso su empeine y la maldigo quedo?

Aguas con la soledad reseca y deambulante
somete su beatitud y te lleva por calles vagas
a craquelar hielo y empinarse madrugadas de gata
es una canija que bebe alcohol y follaje

Pero tiene mi espalda, veinte bares encendidos
y canto de sirena

28.3.05

¿Quién teme a Calatrava?

Si en este momento se realizara una encuesta sobre los más conocidos arquitectos vivos en el mundo, saltarían, entre otros, los nombres de Frank O. Gehry, Richard Meier, Ming Pei, Santiago Calatrava y los japoneses Tadao Ando y Kenzo Tange (éste último quedaría fuera de la jugada, pues falleció apenas el pasado mes de marzo), cuya fama no es gratuita, sino asentada en sus aportaciones al desarrollo de la arquitectura en los últimos años.

De ellos, el más joven –nació en Valencia en 1951- es Santiago Calatrava, conocido por su trabajo en las estructuras y recientemente popularizado con el complejo deportivo de las olimpiadas de Atenas. Tiene título de Arquitecto (1974) y de Ingeniero Civil (1979), ya que desde un inicio pretendió hacer una carrera integral. Además es un celoso escultor, de ahí que se le llame en bienintencionadas ocasiones “esculto-arquitecto-ingeniero”, aunque él prefiera llamarse Arquitecto, como término que concentra por sí solo la técnica y la plástica.

En la década de los años ochenta inicia su actividad con obras que ya despertaban interés, sin embargo fue hasta la olimpiada de Barcelona (1992), cuando sorprende al mundo con su Torre de Telecomunicaciones en el Estadio de Montjuic, cambiando la tipología tradicional de las antenas por un perfil antropomórfico y de exquisito equilibrio que, por si fuera poco, tiene función de reloj solar y es uno de los nuevos símbolos de esa ciudad mediterránea.

Es la obra de Calatrava un reconfortante motivo para quienes añoramos las estructuras no solemnes, sino más bien heterodoxas (y sin embargo “vivibles”), herederas no sólo de la tradición medieval europea o del estructuralismo de Pier Luigi Nervi, sino de la simbiosis entre el experimental Gaudí y las alternativas que ofrece la tecnología actual, expresamente el hierro. Además, su tributo al paisaje se manifiesta mediante la síntesis, no sólo de los volúmenes, sino del color. Para Calatrava, la neutralidad el blanco resume todo respeto al paisaje y ofrece personalidad a la obra arquitectónica.

El blanco, por tanto, es su color de batalla, el cual ha aplicado en sus principales obras: los puentes de La Cartuja de Sevilla, Mérida, Bilbao y Buenos Aires; ese gran bicho conocido como la Estación de Saint-Exupéry, en Lyon; el aeropuerto de Sondica en Bilbao y, su obra más completa hasta hoy, la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, plantada a orilla de un lago como un gran ojo que vigila el escenario en que se transforma la vida valenciana.

“Mi trabajo es más figurativo que organicista, en el sentido de que lo que me interesa son determinadas asociaciones esculturo-anatómicas, basadas siempre en modelos estáticos tremendamente puristas. Trabajar con estructuras isostáticas te lleva casi inevitablemente a esquemas de la naturaleza”, señala Calatrava, en quien los españoles han distinguido al heredero directo de la obra que un siglo antes patentó el genio de Antonio Gaudí. Ambos profesan la arquitectura orgánica, sedienta de atarse a la tierra, evocándose con elementos propios del sitio, donde la tecnología y los materiales se descubren cómplices de la plástica y extensión simbólica de la función de los espacios.

Según Calatrava, su obra es “inspirada” únicamente, por lo que en ningún momento pretende la Interpretación de la naturaleza. Más bien alcanzar a través de ella la síntesis del volumen con sus dos relaciones fundamentales: la utilidad y la estructura. Lo demás es condimento.

No nos debe extrañar que la obra de este genio español siga acrecentando y otorgando identidad a la arquitectura del siglo XXI, pues su sobresaltada popularidad le ha abierto los medios para trabajar en innumerables proyectos alrededor del mundo, de los que aún esperamos sorpresas múltiples, como las que ha dado en sus tres líneas de oficio. El único temor que le debemos profesar es el de la espera.

Como señaló Joan Lerma en 1993: “Calatrava forma parte de esa vena, a la vez opulenta y ascética, que le consagra como uno de los arquitectos más comprometidos de la estética contemporánea”.




4.3.05

Rúbrica

A Bertha Alicia

La sombra eres tú
el alto celador de la torre
andando al sur como una serpiente

un perro se perpetua en silencio
las palmas del viento acechan tras la celosía
y la ciudad pretende un letargo
que brumas y adolescentes no le ofrecen

He tenido otra vez tu noche a mi planta
hendida como lóbrego laberinto
de un heraldo golpeador
escondido tras la ventana

Al asomarme ha bramado
el horizonte con metales de argentina
la falda del viento acusó tu rúbrica
y la lámpara cedió a las tinieblas.

Tom Yorke y las diez

Okey, Tom,
se han puesto yacentes las horas
y tu hermoso jardín desvanece bajo
el ministerio de las sombras.

Cascabelean las persianas del comedor
el tránsito es apagado
y un aro asciende por la calle.

Has tenido algo que ver esta noche
de pavorosa televisión y cereal
metido en las faldas del cortinero
bufando en los cables
mientras anido mi pupila en el muro ese.

El ensueño es un plácido lugar, Tom
ahí te acechan alimañas y flores
sedientas como amnesia,
umbrías en la boca del hierro
y todo el beat endiablado de la sala al estudio

Ni el perro anduvo a esta hora
como tú, sin consideración.

11.2.05

La poética del metal

Las grandes ciudades no son un teatro estático y relegado a la inercia de su arquitectura común; por el contrario, adquieren hitos que retan al pasado y sorprenden en modorra al proceso arquitectónico presente. Eso le sucedió a Sydney con su Ópera, a París con el Pompidou o el Gran Arco, a Bilbao con el Guggenheim y a Valencia con la Ciudad de las Artes.

Iniciado el siglo XXI, el nuevo símbolo de Londres es una gota de cristal y acero que parece arqueada por la brisa del Tamesis, justo en la orilla opuesta de la Gran Torre. Esta obra de suave geometría es el City Hall y fue diseñada por el arquitecto de más prestigio en la bretaña reciente: Norman Foster, nacido en 1935, ganador –entre un centenar de premios- del Pritzker en 1999 y ascendido a título de Caballero por la Reina Isabel en 1990.

El City Hall es hoy sitio obligado para el turismo y referencia de la nueva expresión londinense. Semeja una cúpula que se desarticula, en franca resistencia a la simetría. Aunque el cristal es el componente externo del edificio, la verdadera voluntad se establece en el acero y sus vértebras, que se relajan y proveen al espacio cualidades poco habituales en la arquitectura.

Y es que Sir Norman Foster ha llevado en éste, y en gran parte de su obra, el acero a conductas orgánicas, ajenas a una mera función de soporte, sometiendo al cristal sólo como pantalla o como una membrana sugerente del verdadero “organismo interior”. Bastan ejemplos como la Facultad de Derecho en la Universidad de Cambridge, la cúpula del Reichstag, la Estación de Canary Wharf o el respetuoso y emotivo (disculpen tanta calificación) Carré d’ Art en Nimes.

El metal es principio y fin del espacio en Foster; es un hilvanador de secuencias y un partidario de la línea curva, la línea recta (en la mayor quietud posible) y los entramados. Es la poética de la transparencia, donde los planos son frágiles y el exterior parece inmiscuirse.

“A veces comparo nuestra creación con las cuentas de un collar, cada una de las cuales representa un proyecto dentro de la línea del tiempo. Algunas cuentas parecen más valiosas que otras y son las que, en mi opinión, han ampliado los límites de la invención”, señala Foster, quien más que arquitecto se reconoce diseñador, y llama “nuestro” al trabajo que ha producido con su grupo interdisciplinario a lo largo de cuatro décadas, en un espectro de obras que representan uno de los valores intrínsecos de la arquitectura y su espíritu como producto humano: la emotividad.


Este fervor de Foster y el placer por despejarse en lo mayor posible de las caras herméticas o el rectángulo impetérrito, me recuerda un poema donde Alfonsina Storni expresa la angustia que le producen los paisajes rígidos de la ciudad, al grado de concluir “…yo misma he vertido ayer una lágrima, Dios mío, cuadrada”. Tal vez por eso, el arquitecto ha dejado una lágrima frágil a orillas del Tamesis, para mirarla temblar en medio de todo ese argumento marcial que guarda Londres.

No sé hasta donde se puedan pensar nuevos hitos como el City Hall en nuestras ciudades mexicanas, y no fracasados emblemas (permítanme mencionar los Arcos del Milenio en Guadalajara) o monumentos patrioteros; sin embargo, el espacio aguarda un Foster que bosqueje su nuevo paisaje.

Pintar la Arquitectura

Música congelada es la arquitectura
-Goethe

Un amigo me invitó a admirar el mural que pintó en una sala de su casa, donde recrea los principales monumentos arquitectónicos de Lagos de Moreno, con una técnica extraña, surgida de la más hueca ociosidad. No tiene caso señalar la calidad del “fresco”. Ya he visto algunos similares en preparatorias, secundarias y presidencias municipales dignos de un tratado para el insulto a la técnica, a la perspectiva y al espacio que atosigan.

Lo realmente admirable de este Siqueiros alicaído es, como sucede con muchos laguenses, el emotivo orgullo por su ciudad, al grado de reproducirla en una pared de su casa. Y es que la arquitectura es la carta fuerte de la presunción local. Se acomoda en postales y souvenirs, los pintores la retratan desde cualquier ángulo posible y el gobierno la reconoce como potencial turístico en folletos, internet y campañas de todo tipo.

Sin embargo, sobre ella hemos depositado una serie de mitos insanos, regados de boca en boca: llamar “colonial” a todo lo construido en adobe y “rústico” a lo de piedra, creer que el patrimonio lo hacen sólo las fachadas (no son set de Universal Studios), desacreditar la arquitectura contemporánea (y llamarle “modernista”, cuando el modernismo fue superado hace un siglo), o malbaratar los espacios arquitectónicos y urbanos con otra serie de argumentos sin sentido.

La arquitectura histórica no requiere sólo un empeño por reproducirla o dedicarle sonetos, sino sacudirle esos mitos que la engolosinan o la degradan.

Va un ejemplo claro: desde que a un ingenioso se le ocurrió señalar al Templo del Calvario como una “réplica” de la Basílica de San Pedro, los laguenses hemos venido repitiéndolo como loros, sin molestarnos en cotejar por lo menos una fotografía. Es absurda la comparación, pues la única similitud entre ambas iglesias es la utilización de algunos elementos comunes basados en el canon greco-romano.

El Templo de Nuestro Señor del Calvario pertenece a esa moda de fines del siglo diecinueve que se dio en medio mundo y se conoce como Historicismo, la cual trajo de vuelta el arte clásico y desembocó en los llamados “neos”. Por supuesto que algunos edificios parecen hermanarse a nuestra iglesia, como la Biblioteca Nacional de Atenas (de 1888 a 1902), el Schauspielhause de Berlin (1818-1821) o el templo de Possagno, en los suburbios de Venecia. Pero esto es sólo un accidente derivado de la moda.

También el teatro José Rosas Moreno ha sido “replicado” con la Ópera de París (gulp!) y la cúpula de la Parroquia de la Luz con la del Duomo de Florencia. Supongo que a Brunelleschi no le interesan las resurrecciones y si resucitara construiría obras distintas.

¿Hay necesidad de compararse a otros para poseer la honra, en este caso arquitectónica? ¿Vale copiar fórmulas de otras ciudades? ¿Necesitamos un Cristo Rey en la Mesa Redonda, si ya existe el Cubilete?

Nuestras obras adquieren valor en el momento que son genuinas, pues no tienen símil y dan identidad al lugar que las cobija. No es necesario fabricarlas o adquirirlas de un modelo ajeno; están ahí, regadas en toda la anatomía de la ciudad: una parroquia colmada de íconos, un puente que se pasa por arriba, una iglesia de torre inconclusa, un puente Guaricho, un Callejón del ratón, una acequia “caida”, una calle de los arbolitos, la casa de un rey dormido, etcétera.

Más que como objeto de culto, el centro histórico y su arquitectura merecen entenderse como el resultado material de un asentamiento humano, con identidad y valores, sujeto a la constante manufactura de sus habitantes. Se construye piedra sobre piedra en un canon maleable y peligrosamente mutable por las condiciones cambiantes de la sociedad.

Sir Norman Foster, el arquitecto británico escribe: “En occidente nos enfrentamos al inevitable declive de la ciudad interior”. Efectivamente, nuestra ciudad interior se pierde en afán de hacerla importante, de “mostrarla” así nomás, dejando al margen las pequeñas cosas que hilan su personalidad. Sus monumentos no son objetos aislados ni piezas de utilería. Tampoco son ornato vacuo. Por el contrario, su carga estética va de la mano con su función social. La arquitectura, a diferencia de la escultura (y sin menoscabo de esta), tiene “utilidad” pública desde que se gesta.

Si el patrimonio arquitectónico es verdaderamente paradigmático para quienes habitamos esta ciudad, al grado de pasar las horas de ocio inmortalizándolo en murales y escritorios de computadora; entonces debemos entenderlo como objeto vivo, resguardarlo, revitalizarlo y tomarle algunos tejidos para la inevitable expansión, porque a nosotros nos corresponde la ciudad del siglo XXI y parece que aún no empezamos ni a soñarla.







Los Escritores de Jalisco

En Poesía viva de Jalisco, libro recién publicado por la Secretaría de Cultura, hay un poema de Gustavo Hernández que dice “Cambiar a un caracol más grande/ o salir del huevo”. Una linda analogía para quienes reducimos la proyección de nuestros actos al terruño y no vemos lo que hay más allá de la línea de horizonte. No vemos siquiera los puntos de fuga. Sucede que los literatos de Jalisco zapotlanense, laguense o (tápense los oídos) tapatía.

Jalisco es un estado de geografía democrática en el que habitan muchos paisajes. Lo sacuden playas, lagos, bosque, mesetas, barrancas, sol, volcanes, ciudades, pueblos, ranchos y arrabal. Sus cuatro puntas parecen distantes: por un lado el desierto de ojuelos, en el que pedrerío y las cactáceas resisten un desamparado cielo; hacia el norte los agrestes parajes huicholes y el olvido; el sur siempre rulfiano y quedo, como esperando un mesías; y, por último, la piel promiscua de la costa.

Este jaleo de imágenes, aromas y anhelos no ha sido para el desperdicio, al menos en las letras. Jalisco ha reproducido su espíritu y paisaje en obras significativas sin las que la literatura nacional sería coja: La parcela, Mala Yerba, Al filo del Agua, Pedro Páramo, La Feria, Campanas de la tarde y más. Recordemos que las tres grandes mutaciones de la narrativa mexicana en el siglo veinte fueron obra de jaliscienses: Mariano Azuela, Agustín Yañez y Juan Rulfo –uno del centro del estado y los otros dos de sus costados-.

Somos un hervidero y nos reconocemos como tal. Pero ¿piel adentro? ¿Sabemos lo que hoy se escribe en Sayula los de Arandas, y viceversa? ¿Lo sabe Guadalajara?

Cuando Blas Roldán me invitó a participar en la presentación de la página Escritores de Jalisco me agradó el perfil incluyente del evento, pues soy ajeno a la dinámica literaria de Guadalajara: centro de un Estado donde todo es el centro… o al menos así lo ve el centro. Afortunadamente, Escritores de Jalisco decidió arrancar el pivote desde un principio y esta empresa podrá rodar también con poetas, narradores y cronistas que a lo largo y ancho de estos xx kilómetros cuadrados esperan un foro más donde leer y hacerse leer.

Y es que hemos olvidado que fuera de la zona metropolitana también se habita y se construye la palabra. Recordemos que el papel de algunos escritores no tapatíos ha sido trascendente sin necesidad de emigrar a la capital. Ahí están Francisco González León y Alfredo R. Plascencia (éste último más bien relegado por la arquidiócesis), poetas de voz personal y a la vez fundamental para comprender su tiempo y su entorno, entre otros que decidieron permanecer al margen y se limitaron a la infraestructura de sus pueblos y comunidades, atendiendo pasquines y editando plaquetas o periódicos de interés indigente para los grandes “centros”.

Yo soy de Lagos de Moreno, donde afortunadamente no la palabra no fue desprotegida por Xochipilli, Dios o quien sea, como seguramente sucede con otros sitios. Desde el siglo XVI albergó temporalmente a los españoles Pedro de Trejo, poeta, y Juan Bautista Corvera, dramaturgo, ambos perseguidos por la Santa Inquisición (a Trejo se le condenó a “que perpetuamente no haga coplas”). Aunque el resto de la colonia permaneció en letargo, desde el siglo XIX la ciudad generó una actividad literaria plena y propia, pues ya en 1850 se editaban folletines y periódicos locales. A la par de los círculos tapatíos “La bohemia Jalisciense” y “La aurora literaria”, poetas y aficionados de Lagos se agruparon en “La Unión literaria”, “La Patria de Rosas Moreno” y “Los Farautes” (después bautizados como “Generación de 1903”). Ahí, Agustín Rivera, Fernando Nordesternaut, Azuela, González León, Ruperto J. Aldana, Antonio Moreno Oviedo y José Becerra publicaron revistas, así como sus primeros libros.

Esta actividad endémica y la distancia física con Guadalajara generó una autosuficiencia que se percibía también en otros ámbitos de la dinámica local. No en vano, la segunda mitad del XIX produjo en el Cantón de Lagos intentos segregacionistas para formar el “Estado de Moreno” o “Estado del Centro”, argumentando un abandono irremediable de Guadalajara.

Y había algo de razón, pues mientras la capital aceleraba vertiginosamente su crecimiento mediante la recaudación de impuestos generados en todo el territorio, poblaciones que habían sido importantes desde la colonia, como Zapotlán y Lagos, se desarrollaban a marchas forzadas, aún con la autosuficiencia señalada anteriormente. Entrado el siglo XX éstas dos luchaban por reconocerse como la segunda ciudad en importancia del estado, pero se durmieron en sus laureles, mientras La Noche de la Iguana catapultó a Vallarta en menos de cincuenta años y Guadalajara se merendó a Tlaquepaque, Zapopan, y Tonalá (agárrate, Tlajomulco).

Volviendo a Lagos, por diversas circunstancias, algunos escritores de los siglos XIX y XX terminaron haciendo vida y obra en la ciudad de México -José Rosas Moreno (quien sólo regresó para morir), Mariano Azuela, Carlos González Peña, Antonio Moreno Oviedo- y unos pocos en Guadalajara –Adalberto Navarro Sánchez, Alfonso de Alba-. Sólo permanecieron en casa: Agustín Rivera, con toda su diversidad, y Francisco González León, el hermano ermitaño de López Velarde.



Hoy en día, la actividad literaria se realiza de manera independiente y con recursos de los mismos escritores. Este síntoma es igual en la mayoría de los municipios no metropolitanos (unos le llaman periferia y otros “interior”), donde se agrupan básicamente talleres literarios. Los hay en Zapotlán, Lagos, Chapala, Cocula, Degollado, Ocotlán o Teocaltiche, arropados en Casas de la Cultura, Bibliotecas, escuelas y Ayuntamientos. La mayoría son fugaces y algunos carecen de coordinadores o instructores capaces. Se editan revistas y libros con recursos limitados y en imprentas que carecen de calidad editorial.

En las ciudades medias existen diarios o gacetas que permiten la publicación de poemas y colaboraciones. En otros casos, estados vecinos favorecen la actividad de los escritores. Por ejemplo, es más fácil para un laguense acercarse a Guanajuato y Aguascalientes, vecinos con los que se guarda una estrecha relación, que con la capital del estado. En Aguascalientes han publicados sus primeros libros mis compañeros de generación Rodolfo Revilla y José Manuel González; otros hemos participado en talleres, revistas, compilaciones y recitales.

Hay además una verdad agria: los esfuerzos de los escritores no metropolitanos han sido lentos y nuestra labor literaria no pasa del zaguán. Pero tampoco los escritores tapatíos que acceden a las editoriales y reciben apoyos son leídos en la entidad. No nos hemos apropiado del público.

Es más, no he leído Animoemas, poemas de animalitos para remojar en buena leche.

Pongo un ejemplo. El proyecto Los escritores en los municipios, auspiciado por la Dirección de Literatura, es un intento benévolo que olvida dos detalles: Guadalajara es también un municipio y fuera de la zona metropolitana también hay escritores. Con esta observación no me arriesgo en aseverar que cualquier improvisado del “interior” aborde el grado de “escritor”, pues los hay de irrisorias calidades. Sin embargo, levantando una piedra seguro aparecerán producciones dignas. Sé que ni a Dirección de Literatura tiene la infraestructura para encontrar escritores y que algunos de ellos adolecen del entusiasmo para hacerse oír. Unos somos, y me asumo también, holgazanes.

Trasladándolo al ámbito jalisciense, cito lo escrito por el paisano Hugo Gutiérrez Vega: “el centralismo cultural mexicano ha sido responsable de muchas pérdidas literarias y de incontables olvidos. La capital exige a los escritores de todo el país que se trasladen a ella y, cuando los tiene atrapados, les impone las reglas de su juego, obligándolos a cumplir los ritos y las ceremonias de un poder literario dividido en bloques y capillas que se pelean entre sí, niegan el valor del adversario y, en los casos extremos, lo ignoran y los expulsan del parnaso. En suma, lo “ningunean”.

Pero tal centralismo es culpa de todos y de nadie. Instituciones públicas como la Dirección de Literatura -afortunadamente en manos de un poeta jorgesouziano- o la Universidad de Guadalajara quedan desamparadas si la participación ciudadana no las provee. Y entiéndase, en este caso, al ciudadano como literato o lector. Qué tal si nos hacemos secuaces unos con otros a través de estas instituciones, de los consejos municipales, de grupos, publicaciones y editoriales independientes.

Hace tiempo Martín Alamadez, hoy presidente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA), sugería generar una red de escritores en todo el estado. Creo que el primer paso es ese. Despabilar el quehacer de poetas, narradores y similares sin arrojarlos de su trinchera, sea ésta Guadalajara, Hostotipaquillo, Autlán o San Diego de Alejandría, además de difundir su obra en bibliotecas o librerías, a fin de captar lectores, y no los del propio círculo. O sea: los de siempre.



Estoy seguro que este juguete nuevo, Escritores de Jalisco, es una pieza del rompecabezas que sólo en conjunto habremos de resolver o, por lo menos, de encontrarle un caracol suficiente para habitar y caminar.

Presentación de la Página Escrtores de Jalisco
Guadalajara, 14 de octubre de 2004